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Vivir en la ciudad no es bueno para tu cerebro

 

"Vivir en una ciudad favorece la enfermedad mental. Los investigadores buscan el porqué y llaman a los urbanistas a no olvidarlo."

 

Las 500 megaciudades de entre uno y 10 millones de habitantes que hay en el planeta albergan a más de la mitad de la población mundial, unos 3.300 millones de personas, y Naciones Unidas estima que hacia 2050 el porcentaje llegará al 70%.

Los primeros datos referidos a la relación entre incidencia de sintomatología psicótica y vivir en una ciudad datan de los años 40. Sin embargo, y según  Jim Van Os, del departamento de Psiquiatría y Neuropsicología de la Universidad de Maastricht (Holanda) y uno de los principales estudiosos en el área, más allá de las estadísticas y el análisis de los datos, se desconoce cuál es el vínculo causal entre dicha dolencia y la vida en la ciudad. Es decir, se desconoce el mecanismo por el cual la ciudad genera este tipo de enfermedad.

"Vivir en la ciudad aumenta significativamente el riesgo de padecer depresión, ansiedad y sobre todo esquizofrenia se sabe hace décadas, y el vínculo es tan claro que los expertos aceptan que debe de haber una relación causal: en la vida urbana hay algo que no le sienta bien al cerebro humano. La cuestión es encontrar qué."

En principio habría que descartar ciertos factores como por ejemplo, pertenecer a una minoría, contar con una reducida red de apoyo, el menor acceso a los servicios médicos y sociales, mayor consumo d drogas, malas condiciones pre o postnatales, complicaciones en el parto, la posición socioeconómica, o la existencia de un "virus"…

Quizás debamos atribuir el fenómeno al estrés. Se sabe que el estrés puede desencadenar trastornos como la esquizofrenia. Y es a partir de esta idea que se desarrollaron las investigaciones de un grupo de neurocientíficos interesados en averiguar las claves de la relación entre ciudades y salud mental.

Para ello, Andreas Meyer-Lindenberg, del Instituto Central de Salud Mental de la Universidad de Heidelberg, en Alemania, escaneó el cerebro de voluntarios procedentes de entornos rurales y urbanos en situaciones de estrés social, y diseñó el siguiente experimento: mientras 32 estudiantes resolvían problemas aritméticos complejos, los experimentadores los estresaban con comentarios negativos y actitudes reprobatorias. "Les decíamos que sus resultados estaban siendo inferiores a la media, y les sugeríamos con impaciencia que se dieran un poco más de prisa…"

Se descubrió que la amígdala, área clave en el procesamiento de emociones, se activaba únicamente en aquellos que vivían en una ciudad en el momento de la prueba. El córtex cinglado, que contribuye a regular dicha área y a procesar emociones negativas, se activó intensamente en quienes se habían criado en alguna urbe. Se detectaron variaciones incluso según el tiempo transcurrido en la ciudad durante la infancia, y según el tamaño de la ciudad en cuestión.

Ante tales resultados tan claros Meyer-Lindenberg repitió el experimento pero esta vez tomando en cuenta índices tales como la edad, nivel educativo, nivel de ingresos, y estado de ánimo de los voluntarios. Ninguno de estos datos afectó a los resultados obtenidos en el primer experimento. Esto significa que la respuesta del cerebro en situaciones de estrés social, se produce en todos los casos por un mecanismo claro aunque misterioso, escriben en un comentario en Nature Daniel P. Kennedy y Ralph Adolphs, del Instituto Tecnológico de California. "Este es el primer mecanismo que relaciona las ciudades con la salud mental por vía del estrés".

En 2004, por su parte, Kristina Sundquist, de la Universidad de Lund, publicó los resultados de un estudio de seguimiento de todos los suecos de entre 25 y 64 años que fueran ingresados por primera vez por psicosis o depresión en distintos centros hospitalarios. "La incidencia aumenta con el grado de urbanización", escribe en The British Journal of Psichiatry; los habitantes de las áreas más densamente pobladas "tenían un riesgo entre un 68% y un 77% mayor de desarrollar psicosis, y entre un 12% y un 20% mayor de desarrollar depresión".

Para Chistopher Dye, a pesar de ello, no es malo vivir en una ciudad. El epidemiólogo de la OMS considera que "Los habitantes de las ciudades, de media, disfrutan de mejores condiciones de salud que los de áreas rurales", incluso tomando en cuenta las diferencias entre ricos y pobres o la situación geográfica de la urbe aunque no se pueda afirmar que esto haya sido siempre así. En realidad la mejora en las infraestructuras de las ciudades a nivel sanitario (instalación de alcantarillado y el transporte de agua potable a los hogares, entre otras), es algo que se fue ganando a pulso desde hace apenas siglo y medio.

"En la Europa del 1800 solo entre el 10% y el 15% de la población vivía en las ciudades, en parte por las atroces condiciones de vida", escribe Dye. "El cólera, la disentería, la viruela, la tuberculosis, el tifus y otras infecciones, agravadas por la desnutrición, hacían que las muertes, especialmente de los niños de menos de un año, superaran a los nacimientos".

En cualquier caso, Sundquist opina que los urbanistas debieran considerar los efectos de la ciudad en la salud mental. No es lo mismo una ciudad con muchas zonas verdes que un polígono industrial. Otros factores a tomar en cuenta, según José Fariña Tojo, del departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio de la Universidad Politécnica de Madrid y Director de un curso sobre Planificación Urbana Saludable de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), en Menorca en septiembre, y colaborador de la Red Española de Ciudades Saludables, son la contaminación acústica y la contaminación del aire, el ejercicio físico y el contacto con la naturaleza.

Ana Dolado, del estudio Araujo-Dolado Arquitectos, reflexiona sobre lo que considera un exceso de estímulos en el espacio urbano actual: "La ciudad es un soporte que cambia a una velocidad difícil de procesar. La gente reconoce el entorno pero no se identifica con él. El ritmo es tal que a los habitantes no les da tiempo a establecer vínculos con su espacio". Y Enrique Baca, jefe del servicio de Psiquiatría de la Fundación Jiménez Díaz apunta que no hay que dejarse llevar por ese ritmo frenético de cambios que afectan a toda gran ciudad. "Hay elementos culturales protectores de la salud mental." Uno de ellos: "En vez de pasarte cuatro horas en Facebook, queda con un amigo a tomar una caña".

 

Fuente

http://www.psicoencuentro.com/noticia_de_psicologia.php?id=103&idioma=1

imagen:

http://spanishcitizensoftheworld.blogspot.com/2011/05/europa-espana-madrid.html

 
 
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