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¿Somos vengativos?

 

Vamos, cuéntamelo ya y, con alas tan veloces como el meditar o el amoroso pensamiento, correré a la venganza.”

Hamlet, William Shakespeare

Según el Webster el odio rencoroso y vengativo es una “fuerte aversión o aborrecimiento asociado a mala intención.” Es la mala intención lo que diferencia el deseo de venganza y aborrecimiento duradero que lo caracteriza, de la rabia, el enojo o el impulso agresivo: “El enojo es una respuesta a la frustración y puede extinguirse si la frustración se supera o es eliminada. La rabia puede también ser desencadenada por la frustración pero implica un sentimiento de herida narcisista, una ofensa al orgullo, una vergüenza y humillación al sentido del self. El estado de rabia, con su contracción muscular y aumento en el latido cardíaco y presión sanguínea, elimina la sensación de indefensión asociada con el dañado sentimiento del self y lo substituye por un provisional sentimiento de omnipotencia e invulnerabilidad.

Incluso el odio es distinto del odio rencoroso y vengativo. Mientras que el odio es más flexible y la persona que odia puede no tener deseos de tener nada más que ver con la persona odiada, el odio rencoroso y vengativo implica toda una escenificación mental compleja de agravio y deseo retaliativo de venganza, que lleva al sujeto a elucubrar todos los males concebibles para el objeto de su odio a lo largo del tiempo apegándose al pasado y pergeñando cosas para el futuro, de manera similar a como lo hace el amante romántico respecto de la mujer u hombre amados. Mientras la persona amada es idealizada, la persona odiada es tenida como omnipotentemente malvada.

Niños y adultos pueden tener estos sentimientos de rencor vengativo, pero no hasta que el niño es capaz de conceptualizar “relaciones sujeto-objeto en la dualidad victimario-víctima y la relación entre ellos … Cada componente del relato – él me daña y mi retaliativo yo lo daño– requiere de la habilidad presente a la edad de 3 años para organizar la experiencia en forma de eventos que tienen un argumento, con un comienzo, un medio y un final.”

De acuerdo con Pao, el odio rencoroso que enlaza el pasado con el futuro establece un marco de continuidad lo que para el que odia es una manera de sentir “algo” en lugar de no sentir nada, de sentirse amorfo, vacío, sin propósito y abrumado por la ansiedad, carente de identidad. Este mismo autor observa que el que el odia, metido en un dilema de miedos y temores, no quiere ofender al objeto de su odio, pero no puede evitar sentirse agraviado y desear el desquite e incita al otro a sentir lo mismo que él siente. El que odia no soporta la indiferencia.

Otros autores sugieren que los niños que fueran víctimas de abusos, o desprecios, experimentan una punzante vergüenza que reduce la autoestima de manera tal que el odio rencoroso y vengativo sirve como vía para eludir la impotencia que conlleva ese sentimiento de vergüenza.

Abundando en la analogía entre el amor romántico y el odio rencoroso y vengativo diremos que ese escenario elimina el sentimiento de soledad, es una forma de apego que erradica el malestar. Por otra parte la persona que odia “experimenta la fuerza de su cólera y el placer de su [supuesto] triunfo final” con tal de no sentirse víctima. “Cuando el sentido del self se ha desarrollado como un centro de inicio, organización e integración de lo aversivo y otras motivaciones dentro de la experiencia del odio rencoroso y vengativo, cualquier cosa que aumente el odio rencoroso y vengativo es experimentada como fortaleciendo el self, y cualquier cosa que amenace al odio rencoroso y vengativo es experimentada como una amenaza al self.

"Ajustar cuentas" conforma la dinámica conciente e inconciente de actos y fantasías hostiles y es común al odio vengativo y rencoroso, a la envidia, al masoquismo, a las actividades autosaboteadoras, y a la ideación o acto suicida. Lo curioso es que estas personas no suelen acudir a terapias para tratar estos sentimientos de vengatividad justamente porque son experiencias afectivas egosintónicas. El sujeto experimenta placer, está conforme con su sentimiento de odio. El que acude, seguramente obligado a ello, rezuma impermeabilidad y omnipotencia “atrapado en una preocupación por la culpa del que ofende, vilipendiando a esa persona por el daño atribuido a la traición o la injusticia y evidenciando un intento inquebrantable de esforzarse incansablemente por lo que la persona vengativa siente como justicia.” Ese estado mental vengativo convierte al sujeto en un ser intolerante y moralista “hasta el punto de la incociencia social y moral.”

El sujeto vengativo parece haberse detenido en el tiempo, en el momento de haber recibido la ofensa, y las ventajas que obtiene de su estado, según Karen Horney, esta obsesión que lo distrae de sentimientos que le producen malestar y vergüenza, son defensas, costosas para el sujeto ya que anula “las consideraciones prácticas, legales y éticas acerca de hacer daño, no sólo al supuesto ofensor o traidor, sino a toda la comunidad y a sus criterios, a niños y, en realidad, a la propia persona vengativa como sucede en el caso de los terroristas suicidas.”

Es necesario comprender que la persona que acumula estos sentimientos de odio retaliativo sufre un doloroso proceso de desconexión y escición entre el autorrespeto que le es dictado por el ideal del yo y la indefensión, la culpa y la vergüenza que le afectan. “Es en este sentido que el conflicto de vergüenza desencadena o instiga la rabia y el estado mental vengativo consecuente que hace inteligible y confiere un estatus de narrativa coherente a esa rabia y a los actos vengativos subsiguientes.”

Fuente:

http://www.aperturas.org/articulos.php?id=0000157&a=El-odio-rencoroso-y-vengativo-y-sus-recompensas-una-vision-desde-la-teoria-de-los-sistemas-motivacionales

 

 


 
 
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