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¿Se puede alcanzar la Felicidad?

 

“Esa especie de epifanía, ese profundo sentimiento de alegría que han deseado  durante largo tiempo y que representa la imagen de lo que quisieran que fuera la vida, no ha llegado a ellos por la gracia de su buena fortuna. Son ellos mismos, con el esfuerzo constante de sus  mentes y de sus cuerpos, quienes han traspasado sus limitaciones y

han propiciado una experiencia que va más allá del placer instantáneo

de los sentidos, en el que se esconde la esencia de una vida feliz.”

Mihaly Csikszentmihalyi

“La mejor sociedad, sostenía Bentham, es aquella en la que los ciudadanos son más felices.” Esto significaría, desde el punto de vista de lo público, que allí donde se ejerza una buena política, reinará una mayor felicidad, y, en la esfera de lo privado, que las acciones moralmente correctas serán las que afecten de manera más positiva a los individuos. Es decir, estaríamos hablando de dos principios, fundamentalmente: de un trato igualitario, ya que la felicidad de todos es la que cuenta, y de un problema eminentemente humano, ya que lo que importa es lo que las personas sientan. Ser feliz sería sentirse bien, disfrutar de la vida y hacer lo posible porque ese bienestar se perpetúe. No ser feliz implicaría sentirse mal y desear que las cosas sean distintas a como son. Pero así como existen innumerables fuentes de felicidad existen innumerables fuentes de dolor.

De acuerdo con Richard Layard toda experiencia, sea del tipo que sea, se define en una misma dimensión que se corresponde con lo bien o con lo mal que nos sentimos. Lo que nos afecta puede resumirse, según este autor, en siete esferas: “nuestras relaciones familiares, nuestra situación financiera, nuestro trabajo, nuestra comunidad y amigos, nuestra salud, nuestra libertad personal y nuestros valores personales.” Exceptuando la situación financiera y el grado de salud, todas hacen referencia a nuestras relaciones sociales.

Siguiendo a Layard, podemos relacionar esos siete factores con los seis factores que estudió la World Values Survey en 50 países durante 4 años distintos, y que explicarían el 80% de la variación de la felicidad:

- la tasa de divorcios

- la tasa de desempleo

- el nivel de confianza

- la afiliación a organizaciones no religiosas

- la calidad del gobierno

- la proporción de personas que son creyentes

Según Layard, la mayoría de las personas no buscan la felicidad en su yo conciente. Más bien buscan “disciplinar su mente” recurriendo a algún tipo de psicoterapia, a algún tipo de creencia, como la budista, a los “Doce Pasos” de Alcohólicos Anónimos o a los ejercicios espirituales de San Ignacio. Nuestra cultura, en la que el cristianismo ortodoxo y la solidaridad van en declive, deja un vacío moral que viene a ser contrarrestado por el darwinismo social y las ideas de Adam Smith, con lo cual la idea dominante es la de que para sobrevivir hay que ser o bien el más egoísta o bien el más fuerte. Hay un desface entre cómo percibimos lo que nos hace feliz y la realidad y un desface entre cómo percibimos la realidad y nuestras aspiraciones. Muchas personas enferman o se deprimen porque sus aspiraciones u objetivos no son realistas. Si la única meta a alcanzar es planificar el futuro, más que vivir el presente, y si se trata siempre de obtener lo mejor para sí y los suyos, el resultado será un rotundo fracaso. Si lo único que se busca es el desarrollo personal y no compartir el bien común, la vida se vuelve insoportable para la generalidad de las personas. Según Layard “la felicidad viene de fuera y de dentro, y no hay contradicción en ello. El buen peregrino combate los males del mundo al tiempo que cultiva su espíritu. El secreto es la compasión hacia uno mismo y hacia los demás, y el principio de la mayor felicidad es esencialmente la expresión de este ideal.”

Para Mihaly Csikszentmihalyi, “La batalla por la felicidad es una batalla contra la entropía que desordena la conciencia.” Al estar inmersos en una realidad compleja, nuestra atención suele dispersarse y le entropía se apropia de nuestra conciencia, a lo que hay que sumar la impotencia que nos produce el no poder controlarlo todo. “El estado opuesto a esa entropía es el de la experiencia óptima, que ocurre cuando la información que llega a la conciencia es congruente con las metas de la personalidad y entonces la energía psíquica puede fluir sin ningún esfuerzo.” Pero, como decía Layard, las aspiraciones, los objetivos, las metas, deben ser sensatas. “De igual manera, la experiencia óptima, aquella que disfrutamos por ser un fin en sí misma, es un proceso que ocurre en cada persona y que no depende de lo que sucede en el mundo, sino de la forma en que ese individuo lo asimila.”

De acuerdo con Csikszentmihalyi lo que haría a la felicidad o, en sus palabras a “la gente de flujo” sería:

1. Concentración y enfoque

2. Metas claras

3. Directa o inmediata retroalimentación positiva

4. Pérdida del sentimiento de autoconciencia

5. Distorsión del sentido del tiempo

La gente de flujo sería aquella que consigue centrarse en una tarea al punto de perder toda conciencia de su yo, centrarse en una meta concreta intrínsencamente gratificante, perder toda referencia temporal y obtener sensación de éxito de alguna manera, no importa la que sea, lo que reafirma su autoconfianza y la libertad necesarias “para observar y analizar el entorno y descubrir en él nuevos retos.” Quienes lo logran tienen todo el potencial para vivir una vida llena de riqueza, intensidad y significado y “evitar la ansiedad y el aburrimiento, poniendo orden en el caos.” Es de este modo que se refuerza y expande la personalidad y se evita ir tras objetivos extrínsecos e inalcanzables que impiden la autorrealización.

Siguiendo en la línea de su maestro, Aristóteles manifiesta que “vivir bien y obrar bien es lo mismo que ser feliz”, poniendo así al descubierto la raíz moral de la felicidad.

En cuanto a lo que nos produce dolor, lo importante es  no frustrarse ante el fracaso o la adversidad. Es frecuente centrar la atención en los obstáculos que impiden nuestras metas pero es indudablemente mejor tomar perspectiva para descubrir soluciones alternativas que, aunque no sean tan buenas como uno quisiera, seguro que son mejores que hundirse en la desesperación. “Con el tiempo, es muy probable descubrir que tales obstáculos no eran tan grandes. Hay que tener amplitud de miras para descubrir nuevas soluciones y amplitud de miras para dar al problema la importancia relativa que tenga.”

 

Fuentes

 

Richard Layard. La Felicidad, Lecciones de una Nueva Ciencia. 

 

Mihaly Csikszentmihalyi. Fluir

Jorge Bucay. El camino de la felicidad

 

Imagen: http://www.fashionbloggerscanarias.com/2011/08/psico-chic_16.html


 
 
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