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¿Qué es la depresión?

 

Desde el marco teórico de la Inteligencia Emocional, se considera que existen dos subtipos de depresión: la endógena y la depresión por desesperanza. En el caso de la depresión endógena se registran falta de reactividad respecto del ambiente, pérdida de interés en la comida y el sexo, dilación psicomotora y trastornos del sueño. La causa primaria precipitante de este estado residiría en causas biológicas o somáticas, más allá de los sucesos ambientales.

En el caso de la depresión por desesperanza, por el contrario, la causa son los estresores ambientales y sería la combinación entre un estilo de afrontamiento negativo y un acontecimiento vital negativo. Este tipo de depresión se caracteriza por síntomas tales como la apatía, la falta de energías y un sentimiento continuado de desesperanza.

Por otra parte se entiende que la creencia de la persona de no poder regular ni modificar sus estados emocionales negativos correlaciona con diferentes indicadores de depresión, lo cual es más aguzada en las depresiones endógenas que en las depresiones por desesperanza. 

Para Freud, por el contrario, la depresión es la reacción a la pérdida de objeto, real o imaginaria “acompañada por la persistencia de un intenso deseo por él y, al mismo tiempo, por la representación de que este deseo es irrealizable.”

Ese deseo puede ser deseo de apego, esto es, presencia física del objeto, de compartir estados emocionales con él, de fusionarse con él; deseo de sentirse seguro; deseo relacionado con el bienestar del objeto; deseo narcisista de omnipotencia o grandiosidad o de identificación con el yo ideal; deseo de satisfacción pulsional, o deseo de experimentar bajos niveles de tensión mental y física, dominar impulsos, poseer control sobre la propia mente, etc.

Sidney Blatt establece dos tipos caracterológicos: los introyectivos y los anaclíticos.

Los deseos por su parte pueden clasificarse, en las personas introyectivas, en deseos de autodefinición, de autonomía, de autovaloración; y en las personas anaclíticas, en deseos de relación, de contacto con otras personas. Cada tipología responde de manera diferente en cuanto a vulnerabilidad y también en cuanto al tipo de tratamiento terapéutico. 

Sandler y Joffe distinguen entre estados de infelicidad y de sufrimiento (dolor) por un lado, y la depresión propiamente dicha por otro lado. La respuesta depresiva sería un tipo de reacción afectiva que surgiría en circunstancias particulares de pérdida de un objeto amado, de uno mismo como self ideal o de cierta abstracción idealizada, en las que se experimenta impotencia e indefensión, mientras que la infelicidad o el sufrimiento es una discrepancia entre una representación ideal del self y la sentida como real.

Bleichmar resume los componentes del estado depresivo del siguiente modo:

  • Fijación a cierto deseo que ocupa un lugar central en el mundo interno del sujeto y que el sujeto siente como irrealizable o inalcanzable
  • Sentimiento de impotencia o indefensión para satisfacer dicho deseo
  • Afecto depresivo y cierto grado de inhibición psicomotriz.

Bleichmar distingue también el estado afectivo del cuadro clínico, en el cual aparecen el estado depresivo en sí más los intentos por salir del mismo, o los beneficios secundarios que puede suponer para el sujeto: rabia coercitiva para recuperar al objeto perdido, llanto para conseguir ayuda o como variable mágica para lograr que el objeto vuelva, autorreproches para reducir los sentimientos de culpa u obtener la aprobación del superyó, identificación proyectiva (atribuir a otros/as la culpa de la situación), o como medio para que otros satisfagan los deseos del sujeto promoviendo lástima o culpa.

Los caminos que conducen a un estado depresivo pueden ser: las experiencias traumáticas, la identificación con padres depresivos y depresión por un trastorno narcisista previo.

En cuanto a las experiencias traumáticas pueden darse dos casos: por un lado puede tratarse de una reactivación de una creación intrapsíquica forjada por los discursos parentales conscientes o inconscientes, o a sus conductas o a todas las vicisitudes de la realidad externa de manera que tal que sujeto asimila estos factores como elementos generadores de impotencia o indefensión y desesperanza (pérdida temparana de figuras parentales, abandono por parte de éstas, sometimiento prolongado a figuras patológicas o tiránicas que cuestionan su valía o su identidad). Cualquier suceso vital traumático puede hacer emerger el estado depresivo cuando dichos hecho evocan esos estados previos de indefensión e impotencia. Por el otro lado pueden darse sucesos trumáticos que a pesar de la importancia de las experiencias tempranas no reactiven nada de dichas experiencias, sino que representan un estado nuevo en el sujeto.

Con respecto a la identificación con padres depresivos, se da una identificación caracterológica que tiene lugar con las fantasías inconscientes de los padres, con los mensajes que le transmiten de manera sutil a sus hijos y con cómo los padres se representan a sí mismos y a la realidad. Por ejemplo, cuando perciben la vida como frustrante o abrumadora, como fuera de control.

En el caso de la depresión debida a un trastorno narcisista previo, hay que tener en cuenta de que este trastorno puede manifestarse de dos maneras diferentes: por un lado puede darse cuando existe una permanente baja autoestima, incapacidad para mantener una representación valiosa de sí mismo. En segundo lugar, personas con incapacidad para depender de otras personas, con sentimientos de omnipotencia, que atacan y denigran al objeto con lo que la agresividad se torna en un elemento central.  En el primer caso el sujeto siente un profundo y persistente sentimiento de impotencia, de incapacidad para alcanzar metas y enfrentarse a la abrumadora realidad. En el segundo caso, con el fin de no exponerse a situaciones que generan vergüenza, el sujeto renuncia a las relaciones interpersonales, a situaciones de apego, a experiencias de aprendizaje, etc. con lo que se reducen sus recursos yoicos, y se pierden oportunidades para realizar los propios deseos.

En la depresión también existe una relación entre agresión y sentimiento de culpa. En este caso será pertinente que el analista se pregunte acerca de qué condiciones biográficas, internas y externas, condujeron al establecimiento de un superyó severo y tiránico (culpa por identificación, culpa debida a la introyección de críticas dirigidas en contra del objeto, tipo defensivo de culpa, etc.).

Otros factores causantes de depresión son las ansiedades persecutorias, los déficits yoicos o un interjuego entre diversos factores.

Para Bleichmar, “En vez de considerar a la depresión como una categoría cerrada, la veríamos como el producto de un encadenamiento de condiciones, tanto internas como externas. Condiciones externas, a las cuales algunas personas son más vulnerables que otras en cuanto al desencadenamiento de la depresión.”

Fuente

http://www.aperturas.org/articulos.php?id=0000245&a=Algunos-subtipos-de-depresion-sus-interrelaciones-y-consecuencias-para-el-tratamiento-psicoanalitico

Imagen: http://www.taringa.net


 
 
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