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¿Por qué sentimos MIEDO?

 

“El miedo a la muerte, a Satán y a quienes los representaban, percibidos como enemigos de la sociedad, hicieron surgir listas de los males que podían provocar y de los agentes que se encargarían de perpetrar esos males. Los directores de conciencia sustituyeron la pesada angustia colectiva resultante del estrés acumulado, por los miedos teológicos al fuego eterno condujeron a la mentalidad de asedio, a la sensación de estar en estado de sitio permanente y de esperar más horrores tras la vida.

Mª Eugenia González Aguilar

 Para Freud, “Las enigmáticas fobias de la temprana infancia –las fobias a la soledad, a la oscuridad y a las persona extrañas– se nos hicieron comprensibles como reacciones de peligro ante la pérdida de objeto [la madre o sustituto]. Otras –las fobias a los animales pequeños, a las tormentas, etc.– se nos muestran más bien como restos atrofiados de una preparación congénita a los peligros reales, tan bien desarrollados en otros animales. … Cuando tales fobias infantiles se fijan y se hacen más intensas subsistiendo  hasta años ulteriores, muestra el análisis que su contenido se ha unido a exigencias instintivas constituyéndose también en representación de peligros interiores.”

 Emilce Dío Bleichmar se detiene en hacer una distinción entre esos miedo arcaicos y los miedos reales. Según ella se trata de la capacidad de discernimiento –avalada también por Piaget– entre lo que es posible de lo que no lo es. La angustia – producida por el miedo– sería el resultado de un error de juicio basado en insuficiencias del pensamiento, en un déficit cognoscitivo relativo.

 Pero como bien indica Mª Eugenia González Aguilar, ese temor del hombre primigenio a ser devorado por un animal, el miedo profundo a sentir hambre, a ser abandonado, a perdernos en la oscuridad o un lugar desconocido, la conciencia del peligro que amenaza nuestra conservación, ha quedado en nuestro cerebro como una impronta por lo que ciertos miedo son tenaces y universales, amén de los que vamos adquiriendo. Según la misma autora el miedo apunta a lo que sentimos ante la posibilidad de la propia muerte, y es ante ella que el organismo reacciona y por la que se buscan antídotos, a veces ceremoniales en los pueblos primitivos, o a través nuestros carnavales; otras veces demonizando a otros pueblos o a las mujeres como en las famosas “caza de brujas.” El miedo se contagia en una sociedad, se pierde el espíritu crítico y muy pronto cunde el pánico. 

 Paul McLean desarrolló su modelo de cerebro trino que viene a explicar las bases neurobiológicas del miedo y de otras emociones, y lo hizo partiendo del estudio de las circunstancias evolutivas del Homo Sapiens. Le Doux descubrió que parte de nuestra memoria se conserva en la amígdala y no se borra con en el tiempo. El sistema límbico tiene un papel singular en la regulación de estas emociones. Es precisamente en el sistema límbico en el que se gestan las emociones más primitivas e intensas, y es en la parte más primitiva de este sistema donde se concentra gran parte de nuestra capacidad de retención y evocación de recuerdos así como nuestra capacidad de aprendizaje: la corteza olfatoria. Al circuito neuronal que existe entre el hipotálamo y la corteza olfatoria se lo conoce como circuito de Papez. “Los elementos encefálicos que forman parte del cerebro límbico son: el hipotálamo (que en el hombre gobierna el sistema endocrino y casi con certeza el sistema inmune) el complejo amigdalino (relacionado con los impulsos agresivos y el temor), el hipocampo, el fórnix, los tubérculos mamilares, el tálamo, el área cingular, la región septal y basal, y la corteza infratemporal. La glándula pineal también participaría, responsable de la secreción de melatonina, un regulador cronobiológico, y a ella, ya Descartes la llamó ‘sede del Alma.’” Se ha comprobado que  la primera emoción evocada ante un estímulo eléctrico aplicado a cualquier sector encefálico, es el miedo, en especial en lóbulos temporales e hipocampo.

 Para Cloninger la serotonina es la que determina la evitación del dolor o del peligro. Algunos autores creen que la afectividad negativa depende un 50% de la herencia y otro 50% del aprendizaje, muy en particular en lo que refiere a los aprendizajes del niño para regular y gestionar sus emociones y soportar la tensión, la resilencia.

 ¿Cómo se aprende a ser miedoso?

1. A raíz de sucesos traumáticos

2. Sucesos de vida penosos y repetidos

3. Por imitación

4. Por asimilación de mensaje amenazantes a veces sutiles y no concientes.

 “La vulnerabilidad y el temor se gestan con frecuencia con los padres o educadores que protegen o desprotegen en exceso y pintan el mundo como un lugar peligroso, en familia se aprenden los procesos afrontativos y sobre todo el aprendizaje de la desconfianza en uno mismo y hacia los demás.”

 Desde el punto de vista sociohistórico, “Tácito fue el primero en reconocer el papel eminentemente político del miedo en el despotismo imperial y Maquiavelo en el siglo XV manifestaba que el príncipe debía de ser temido y amado pero mejor 10

temido… hacerse amar es difícil e incierto, en cambio hacerse temer es muy fácil. Hobbes legitimó el miedo en política como un sentimiento civilizador muy profundo, un miedo madurado en razón es el mejor fundamento del Estado civil, ya que un miedo no razonado es el terror que dispersa a los hombres en vez de unirlos; una conocida ley sociológica considera que el miedo y el odio son rápidos cementos y existen modernos ejemplos que ante las amenazas estamos dispuestos a cambiar libertad por seguridad frente a terroristas que se sienten puros y justicieros y que al infundir miedo se consideran virtuosos.” Es interesante constatar cómo estas ideas siguen siendo vigentes para muchos en el siglo XXI…

 

Fuentes

 

Mª Eugenia González Aguilar, Antídoto contra el miedo

 Emilce Dío Bleichmar, Temores y fonias

 

Imagen:

http://elsonidodelaverdad.blogspot.com/2010/09/me-es-licito-sentir-miedo.html


 
 
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