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¿Por qué Lloramos?

 

La concepción tradicional en tiempos de Darwin, era la de que la expresión facial del ser humano era única en la escala filogenética y no era sino reflejo de la divinidad, puesto que el hombre estaba hecho a imagen y semejanza de Dios. Consideraban que no existiría continuidad entre el hombre y el resto de seres vivos.

 Hoy en día ya se ha podido demostrar que los humanos y los animales tenemos las mismas estructuras y funciones neurológicas, y que las diferencias no son cuantitativas sino cualitativas. Fue el mismo Darwin, reconocido como padre de la etología, quien insistió en comprender las emociones como algo innato e instintivo. De hecho existe una continuidad filogenética funcional entre todas las especies de vertebrados, incluyendo la nuestra.

 Para Descartes, defensor de la dualidad mente-cuerpo, los animales no serían sino máquinas, simplemente, que no poseen mente y por lo tanto serían incapaces de pensar y de tener acciones voluntarias, mientras que el comportamiento humano sí es voluntario o deseado; la respuesta voluntaria provendría de la mente o del alma y ésta haría posible la flexibilidad de respuesta en diferentes situaciones.

 Sin embargo, casi todas las señales externas que nos llevan a interpretar la expresión de dolor en otros humanos pueden ser vistas en otras especies, especialmente entre mamíferos y aves. Estas señales serían, retorcerse, contorsiones faciales, quejas, emitir alaridos u otras formas de grito, intentos de evitar la fuente de dolor, apariencia de miedo ante la perspectiva de su repetición, y otros. Además, en estos animales el sistema nervioso responde exactamente como el nuestro en circunstancias en las que nosotros sentiríamos dolor o pena: una elevación inicial de la presión en la sangre, pupilas dilatadas, transpiración, pulso agitado, y caída de la presión sanguínea.

 En los monos rhesus infantes y adultos, por ejemplo, se ha comprobado que los estímulos sensoriales que producen una respuesta emocional de miedo (que puede ser desencadenado aislando a los bebés de sus madres) pueden clasificarse en tres tipos de conductas bien caracterizadas: cooing (emisión de un sonido similaral “coo”), freezing (una conducta de congelamiento ode falta de movimiento asociado a la exposición temerariade los dientes) y barking (conducta agresiva conla emisión de sonidos amenazantes) (Kalin & Shelton,1989; Kalin, Shelton, Davidson & Kelley, 2001).

 La empatía es la capacidad cognitiva que tiene una persona para sentir lo que siente otra. Se trata de lahabilidad para entender las necesidades, sentimientosy problemas de los demás, para ponerse en su lugar y responder correctamente ante sus reacciones emocionales. Además, se ha descrito también la existencia degrupos neuronales denominados Generadores de PatronesCentrales (CPG, por sus siglas en inglés para Central Patterns Generator) localizados en el mesencéfalo,puente y médula espinal, tanto en humanoscomo en animales, los cuales permiten la preservacióninter-especie de respuestas motoras, entre las que se encuentran las generadas por las emociones (al moverlos músculos faciales) y por ende la posibilidad de compartirla conducta de empatía (Briggman & Kristan,2006; Korb, Grandjean & Scherer, 2008). La existencia de rasgos de empatía en los animalesy para la conservación de éstos en diferentes razas yculturas en los humanos, puede ser la existencia deCPG’s conservados en las escala filogenética de losmamíferos.

 “Llorar” deriva del latín plorare, que significa lamentarse, despertar compasión.

En el llanto  confluyen la efusión de lágrimas, el sollozo y los gritos o lamentos. Estos últimos pueden faltar, no así la efusión de lágrimas.

 Hace años, en Estados Unidos se llevó a cabo el análisis de la calidad de las lágrimas en dos grupos de voluntarios: uno que lloraba viendo una película triste, y el otro cortando cebolla. Descubrieron que la composición de las lágrimas era muy distinta. Además de su contenido (agua, sales y minerales), descubrieron que las lágrimas “de pena” contenían hormonas responsables del estrés y del dolor, cosa que no se daba en las lágrimas de cortar cebolla. Es decir, las lágrimas emocionales ayudan a las personas a calmar el dolor y eliminar el estrés. Las personas que reprimen el llanto acumulan en el cuerpo esas sustancias de manera tal que se perpetúa la tensión física y psíquica, prolongando la sensación de malestar o angustia. A manera de ejemplo, Chiozza explica que cuando lloramos de piedad por ejemplo en el teatro o ante el relato de un infortunio, es porque es imposible o inútil traducir en gestos o actos la emoción que nos embarga ante la desgracia irreal o lejana que se nos presenta.

 Dependiendo mucho del contexto, socio-cultural, en determinadas circunstancias nos está permitido llorar, tanto en la edad adulta como infantil, siempre que sea ante una pena objetiva: la muerte de un familiar, o la pérdida de algo, mientras que en otras situaciones no existiría ese “permiso social” y se nos exige contención.

 Sin embargo, últimamente, en el país de la sonrisa, esto es, Japón, se está imponiendo como terapia el llorar para combatir el estrés. Hay incluso seminarios donde se practica el llanto y la prensa se hace eco del tema: “Llorar le proporcionará tranquilidad”, señala la revista Dakapo. Lo mismo ocurre en Corea del Sur, con melodramas televisivos y con películas dirigidos a un público compuesto particularmente de mujeres de mediana edad, para que lloren. En el barrio Shibuya de Tokio, la cadena de tiendas de alquiler de videos Tsutaya instaló una sección extra de películas dirigidas a las personas que quieren llorar. De hecho, las culturas menos sofisticadasemplearon y emplean mucho la expresión corporal, ladanza y el llanto como manifestaciones de distintos estados emocionales. Por el contrario, las culturas másavanzadas intelectualmente han optado por verbalizarsus emociones interpretando a éstas como expresiones de debilidad, dependencia o excesiva vulnerabilidad. Es interesante constatar que la espectrografíadel llanto de un bebé es idéntica a la espectrografía de la voz de lamadre, y contiene además las características específicasde ritmo y entonación propias de la lengua materna.

 Pero también se puede llorar de felicidad o ante el surgimiento repentino de un sentimiento de amor o comunidad muy profundo, o ante una situación de éxtasis, ya sea físico como emocional. Así, se habla de “llanto de” placer, gracia, revancha, escape, empatía, etc. que sería un llanto de “nivel bajo”, suave, con lágrimas en forma continua, con una disminucióndel pulso cardíaco, con un aparente aumentodel calor corporal, con un cuadro de suave relajaciónmuscular, silencioso, sin gemidos y coordinado con elcuadro respiratorio y manejo de la realidad externa. Un llanto profundo o de “nivel 3” sería el nivel “reparador”,logrado después de un gran esfuerzo y entrenamiento, con abundante lágrimas, pérdida de la relacióncon el mundo externo, estado de profundo éxtasis (comoun orgasmo muy profundo), y al final del cualse produce un estado de suma paz, silencio, toma de conciencia del cuerpo y larespiración.

 Desde el punto de vista evolutivo y anatómico,lo que subyace al llanto, ya sea de alegría o de dolor, es lo que hoyconocemos como el sistema límbico, una pequeña área de la corteza frontal, que incluye el hipotálamo, la amígdala y el hipocampo, estrechamente relacionado con el desarrollo general del cerebro a lo largo de la escala filogenética del serhumano.

 

Fuentes

 Función social de las lágrimas: una indagación empírica sobre los tipos de llanto emocional, Oscar Sierra Fitzgerald y Beatriz E. Mejía Constaín

 La expresión de las emociones en la obra de darwin, Mariano Chóliz Montañés

 Nuestra terapia por el llanto: el llorar nos redimirá, Mauricio Palchik

 El duelo por la muerte de un ser querido, Laura Yoffe

 Emoción como exploración, Juan José Acero

 La diferencia de la sensibilidad emocional entre británicos y venezolanos, Leticia R. Guarino, Lya Feldman y Derek Roger

 De la risa al llanto, Ander Gondra Aguirre

Imagen: http://asiopinamosyasipensamos.blogspot.com/2011/02/llanto.html


 
 
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