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Trauma y disociación

 

Por desgracia en la sociedad actual muchas personas sufren o han sufrido al menos un suceso o sucesos traumáticos a lo largo de su vida. Muchos de esos sucesos ocurren durante la infancia, que por otra parte es un momento vulnerable en el cual la persona no es capaz de entender o asimilar muchas de las cosas que le pueden estar ocurriendo.

Cuando hablamos de sucesos traumáticos, hay que tener en cuenta que es algo que es impactante para la persona, bien por lo duro del suceso, o a veces no por serlo tanto, pero sí desde luego porque vivirlo de forma muy repetida y mantenida en el tiempo. Y no siempre es porque ocurra algo, a veces es simplemente por la ausencia de algo importante.

Así podemos hablar de suceso traumáticos, como maltratos, abusos, catastrofes naturales, muertes de algún familiar, accidentes importantes... Pero también hablamos de sucesos traumáticos cuando se habla de cuando un padre ignora las necesidades físicas o afectivas de un niño, de un aislamiento social mantenido en el tiempo, del bullying (acoso escolar), o del mobbing (acoso laboral), que son sucesos que se prolongan y que la persona puede estar sufriéndolos en mayor o menor medida pero durante muchos años.

Especialmente cuando hablamos de traumas que han tenido lugar en la infancia, hablamos por lo tanto de sucesos que son incomprensibles para los niños y que como decíamos no son capaces de procesar ni de asimilar. Por ese motivo, si es algo muy fuerte para ellos, el cuerpo muchas veces utiliza un mecanismo de defensa para que la mente no sufra tanto. El cerebro suele liberar anestésicos para que el dolor sea menor y para que permita a la persona pasar por aquello que tiene que pasar, pero estando un poco ausente de ello. A pesar de todo el recuerdo de aquello suele quedar grabado en la memoria como intacto, con sus mismas sensaciones, pensamientos, olores e intensidad, de tal manera que cuando se recuerda, aunque hayan pasado muchos años de aquello se recuerda como si estuviese ocurriendo en ese preciso momento o sólo hubiesen transcurrido días.

Pero ese mecanismo de defensa del que hablábamos, que nos permite estar un poco ausentes durante el trauma, tiene su utilidad en ese momento, pero como se mantiene a modo de protección de la persona, deja de ser algo positivo, para convertirse en un problema añadido, ya que muchas veces se puede activar por elementos mínimos que están asociados a aquella situación y que no permiten que la persona viva sus situaciones cotidianas de forma real, ni que tome contacto con muchas de ellas. Es importante saber cuáles son algunos de los signos de esa disociación, porque al saberlos, podemos trabajarlos, hacerlos patentes y no asumirlos como dentro algo que le pasa a todo el mundo, sino como algo que me está perjucidando en este momento y tengo que luchar por unir. Algunos de esos signos de disociación serían:

- Tener lagunas mentales en determinadas épocas de la vida, demasiado largas para que sean simples olvidos, por ejemplo no recordar nada desde lo 9 hasta los 15 años.

- Tener habilidades que no recuerdo dónde o cuándo he adquirido.

- Tener la sensación que estaba viviendo como en un sueño.

- Tener la sensación de verse a uno mismo como fuera de su cuerpo.

- Sentirse invisible.

- Perder el control sobre los actos propios

- Hacerse daño a uno mismo sin sentir dolor o sentir como si no fuese real.

- Tener la sensación de que algunas personas o lugares me han parecido desconocidos cuando no lo son en realidad.

- Problemas para reconocer a amigos, familiares o mi propio hogar.

- Sentir que tengo en la cabeza una opinión crítica hacia las cosas que hago.

- No tener idea de lo que defiendo o de lo que creo.

- Tener la sensación de lucha en mi interior por quién soy realmente.

- Hablar de niño con amigos imaginarios, que a veces se mantienen incluso en la edad adulta.

- Sentir confundido respecto de mi identidad sexual.

- Tener cambios de humor que no puedo controlar.

- Actuar de forma muy distinta con adres, o amigos o en el trabajo.

- No reconocer cosas escritas por mí.

Estos son sólo algunos de los ejemplos que nos pueden dar una pista de esa disociación. Generalmente cuando sucede un trauma en la infancia como decíamos, esto suele ser habitual en mayor o menor grado, por ese mecanismo de defensa anterior explicado. Sólo porque algo sucediera hace mucho tiempo no quiere decir que se haya superado, si la herida sigue abierta y duele cuando se piensa en ello como si hubiese sido ayer, es porque no ha sido procesado correctamente y sigue causando dolor en la actualidad

 

María Jesús Adán Meléndez

Psicóloga y directoria del Centro Psicológico Adán

centro@psicoadan.com


 
 
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