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¿Por qué nos equivocamos?

 

“Cuida tus pensamientos, porque se trasformarán en actos, cuida tus actos, porque se trasformarán en hábitos, cuida tus hábitos, porque determinarán tu carácter, cuida tu carácter, porque determinará tu destino, y tu destino es tu vida”.

Ghandi

"Equivocarse es, en esencia, tomar una cosa o una vía por otra, y el psicoanálisis, comprendiendo la íntima estructura de los actos fallidos –que son equivocaciones comunes aparentemente casuales– en los cuales hemos incurrido ‘sin querer’, nos ha permitido comprender que muchos de nuestros errores no lo son en verdad, porque ocurren como producto del triunfo de un propósito inconsciente que alcanza sus fines, aunque, como es obvio, puede errar todavía en lo que respecta a las consecuencias del haber concretado esos fines." (Chiozza, 2008).

En su Psicopatología de la vida cotidiana, Sigmund Freud apunta, en relación a las equivocaciones que cometemos al hablar, que casi siempre descubre detrás de cualquier error cometido en este sentido, una fuerza perturbadora exterior que, o bien es un pensamiento inconsciente aislado que se manifiesta en la equivocación y que no puede más que emerger a la consciencia, o bien un motivo psíquico de carácter general aunque remoto que actúa oponiéndose a todo discurso, aun cuando nos resulte más sencillo atribuir dichos errores a meras leyes fonéticas.

En ocasiones el elemento perturbador es de carácter obsceno. En otros casos, se trata de una autocrítica o de algo que contradice nuestros propósitos o nuestras creencias y el lapsus revela de esta forma nuestra íntima insinceridad: "La equivocación se convierte aquí en un medio de expresión y, con frecuencia, en la expresión misma de lo que no quería uno decir. … [teniendo en ocasiones el] abrumador efecto de una indiscreta revelación, y en otros, el completamente cómico de un chiste."

Normalmente los errores en que incurrimos suelen ser de tres tipos:

1. Buscamos un objeto en un lugar equivocado para evitar asumir que no deseamos dar con él para no tener que prestarlo.

2. Otro tipo de error es el que coadyuva a cualquier tipo de aprendizaje. Cometemos errores a medida que nos entrenamos en una tarea.

3. Cometemos errores que pueden tener consecuencias indeseables, incluso dramáticas, sin vuelta atrás.

El primer tipo de error es el que explica Freud. Un motivo inconsciente o semirreprimido no aceptable para nosotros nos conduce a cometer una falta.

El segundo tipo de error tiene que ver con las leyes del aprendizaje tal y como las postula Piaget. El aprendizaje depende del mecanismo asimilación-acomodación. Si un conocimiento no ha sido asimilado a nuestras estructuras cognitivas, difícilmente podremos acceder a otro de mayor dificultad. 

El tercer tipo de error, finalmente, y según Luis Chiozza, generalmente se apoya en el consenso y nos parece "natural" porque se asienta en nuestros prejuicios, "en pensamientos prepensados" y se repite porque en su momento "funcionó." Sería la consciencia lógica de optar por el camino más fácil, "Un camino que se conforma, con demasiada naturalidad, con la influencia insospechada de que, en sus múltiples combinaciones, ejercen sobre nuestro ánimo y sobre nuestra conducta, la rivalidad, los celos, la envidia y la culpa que incautamente reprimimos."

Tal y como señala Anna Freud en El yo y sus mecanismos de defensa, cualquier afecto asociado a los impulsos sexuales o agresivos, por obra del yo, amor, ira, odio, culpa, nostalgia, rabia, miedo, vergüenza, sufre toda suerte de transformaciones en tanto y cuanto el yo procura defenderse de su intrusión en la consciencia: represión, desplazamiento, transformación en lo contrario, negación… mecanismos que actuarán igualmente en otras áreas de la vida del sujeto. Pero aquello que reprimimos o negamos, por mucho que nos desagrade, no desaparece de la conciencia sino que es simplemente "desinvestido", despojado de su importancia.

Para Chiozza "nuestros grandes errores no suelen ser el producto de una equivocación aislada. Sino que, por el contrario, son 'tendencias' que surgen como si fueran 'verdaderas necesidades' cuando 'somos malpensados' por pensamientos y afectos arraigados en nuestro carácter, pensamientos y afectos 'prepensados' que usamos 'sin pensar' y que muchas veces, para colmo, coinciden con los que el consenso avala."

Es decir, nos equivocamos porque pensamos mal y porque vivimos de acuerdo con ése, nuestro mal pensar, de modo tal que condiciona nuestras actitudes, nuestros hábitos, nuestras reacciones y nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con el mundo, determinando nuestra forma de vivir en su conjunto, y nuestro destino. El corolario de esto es que más que pensar nosotros nuestros pensamientos, ellos nos piensan a nosotros, nos conforman como personas. De ahí la necesidad de revisarlos continuamente.     

Algunos estudios recientes revelan que los factores electrofisiológicos de descubrimiento de errores se organizan de tal modo que 100 milisegundos antes de cometer un error el cerebro ya lo registra. Es decir, el cerebro no solo registra los errores cometidos sino que anticipa también los errores que se van a cometer aunque sea incapaz de evitar que los cometamos.

En palabras de Stuart Sutherland, “con todos mis respetos hacia Aristóteles, cabe afirmar que la conducta irracional no es la excepción, sino la norma”.

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Fuentes

¿Por qué nos equivocamos? Lo malpensado que emocionalmente nos conforma, Luis Chiozza

El yo y sus mecanismos de defensa, Anna Freud

Psicopatología de la vida cotidiana, Sigmund Freud

Irracionalidad: el enemigo interior, Stuart Sutherland

¿Por qué cometemos errores?, DW World.DE


 
 
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