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¿Por qué Mentimos?

 

“El marco de referencia que aquí importa no es el de la moral sino el de la supervivencia. La capacidad lingüística para ocultar información, informar erróneamente, provocar ambigüedad, formular hipótesis e inventar es indispensable, en todos los niveles – desde el camuflaje grosero hasta la visión poética–, para el equilibrio de la conciencia humana y el desarrollo del hombre en la sociedad…”

George Steiner, After Babel

 "Sobre verdad y mentira en sentido extramoral" es un corto y brillante ensayo redactado en 1873 por un joven Nietzsche, en el que hace un análisis genealógico del sentimiento, el arte por él inventado “de desenmascarar las ocultas raíces emotivas de nuestras actitudes y juicios”, arte que luego cultivaría el psicoanálisis y que Michel Foucault, en su ruta de la arqueología del saber a la genealogía del poder, quiso radicalizar.

 La primera parte de este escrito está dedicada a la crítica del lenguaje y a la idea de verdad. La fuente originaria del lenguaje no estaría en la lógica, sino en la imaginación, en la capacidad que el hombre tiene como "animal fantástico", en expresión de Ortega, “de crear metáforas, analogías, y modelos. La verdad y el impulso hacia ella no son más que una mentira colectiva y una represión, también colectiva, de ella.”

 El problema de la verdad es un problema esencial que confronta al ser humano pensando y trabajando con su mente; un problema discutido por filósofos y científicos desde hace miles de años. Freud (en La Interpretación de los Sueños y en Los dos Principios del Funcionamiento Mental) dice que el principio de realidad “nos pone en contacto con la realidad y nos permite discriminar entre presencia y ausencia, percepción y alucinación, entre verdad y falsedad, entre algo percibido y algo recordado o simplemente pensado.” Y en su artículo “La Negación”, habla nuevamente sobre el Yo y sus funciones de discriminación entre la realidad y las cosas irreales.

 Bion, por su parte, introduce entre otros, el mito de Edipo, para mostrarnos el problema del hombre con el conocimiento, el problema del contacto con la verdad y sus peligros, y cita a Tiresias –uno de los personajes de la historia de Edipo– un vidente ciego, que advierte a Edipo, entonces ya rey de Tebas, que no investigue porque descubrir la verdad sería terrible. Pero Edipo decide descubrir la verdad y haciéndolo se ve envuelto en una situación muy dolorosa y conflictiva. Aquí Tiresias es el personaje que dice: “No seas curioso, no investigues, prefiere la ignorancia o las falsedades, en vez del descubrimiento de la verdad”.

 Los mecanismos de defensa en sí, no son mentiras, sino defensas inconscientes contra vivencias verdaderas que se provocan ansiedad, o que son excesivamente difíciles de tolerar, por lo que son reprimidas, negadas, renegadas, proyectadas, etc. Una mentira, en cambio, es una distorsión consciente de una experiencia verdadera. El mentiroso, Bion dice, debe saber muy bien lo que es la verdad, para no caer en ella inadvertidamente. El mentir puede entonces ser visto como una decisión consciente, o bien como un trastorno de la personalidad porque el mentiroso de alguna manera sabe que está mintiendo. Desde esta perspectiva, mentir es un severo y primitivo trastorno de carácter, pero sin embargo, básicamente un trastorno humano.

 Pero mentir no siempre es pernicioso o negativo. De hecho, todos, en algún momento, mentimos. Ya sea a los otros o a nosotros mismos. De acuerdo con Robert Feldman, psicólogo de la Universidad de Massachussets, el mentir va unido a la autoestima. Es posible mentir para proteger nuestra intimidad, o para proteger la imagen que tenemos de nosotros mismos. En ocasiones mentimos por amabilidad, por el mero hecho de ser corteses. “No estamos intentando impresionar a otras personas sino mantener una visión de nosotros mismos que sea consistente con la forma en que nos gustaría ser”, considera Feldman. “Queremos ser simpáticos, suavizar o facilitar la situación social y evitar insultar a los demás a través de nuestro desacuerdo o discordia.”

 

¿Mienten los niños?

 Hasta cierta edad podemos considerar que los niños no mienten. Simplemente confunden fantasía con realidad y esto forma parte del desarrollo de su pensamiento creativo. “Suelen confundir la realidad con la fantasía cuando juegan, inventan historias, crean, incluso pueden llegar a vivir sus fantasías.” Otras veces, algo más tarde, mentirán por temor al castigo o a ser rechazados. Es aproximadamente a partir de los cinco años que los niños comienzan a mentir de forma consciente, pudiendo distinguir entre lo verdadero y lo falso, aunque aún no tengan claro que mentir  no sea algo correcto. Mentir requiere varios procesos mentales complejos tales como manipular datos, retener información y saber distorsionarla.

 En cuanto a nuestra capacidad para detectar una mentira, se han realizado estudios acerca de cómo distinguimos mentiras a partir del lenguaje verbal y paraverbal, oral y escrito, así como del lenguaje corporal, actitudes, gestos, movimientos del cuerpo, tono de voz, latencia en responder… y la conclusión es que los “jueces” normalmente aciertan más cuando toman en consideración el conocimiento social que se tiene acerca de la mentira, que cuando analizan los comportamientos no verbales: “el conocimiento social sobre la mentira se revela … como una variable determinante en los juicios de credibilidad sobre personas desconocidas.”

 Spinoza, en su Ética afirmaba que "aquel que tiene una idea sabe, al mismo tiempo, que la tiene y no puede dudar de la verdad de la cosa, nuestra mente es parte del intelecto de Dios; por tanto, es necesario que las ideas claras y netas de la mente humana sean verdaderas", y la voluntad no puede hacerlas pasar por falsas, porque "voluntad e intelecto son una misma cosa".

 Para San Agustín “miente quien tiene algo in animo y enuncia con palabras o con cualquier medio de expresión algo distinto (aliud) a eso que tiene in animo. Miente quien tiene un ‘corazón doble’ y sabe que miente, al margen de la verdad de lo que dice y lo que hace.”

 Durante el medioevo se creía que los malos serían los mendaces y que ir al paraíso exigiría haber respetado la verdad como valor supremo en todos los planos de las relaciones humanas. La mentira significaría una gran ruptura con el modelo idealmente deseado por la colectividad.

 Según Martínez Selva el mentiroso siente miedo, fundado o no, a que la verdad se sepa, dado que la mentira puede obedecer a motivos justificados a corto plazo, pero no a largo plazo. Otro miedo tan importante o más que el anterior, es el miedo al castigo que se puede recibir si se descubre la mentira, y un tercer temor se asocia a que las consecuencias del hecho sean graves.

 Whiten &Byrne (1997) de la Cambridge University alude a la inteligencia maquiavélica observada en primates como estrategias sociales ventajosas para la supervivencia. Observaron cómo los primates dominaban formas cada vez más refinadas de manipulación y defraudación en el medio social, con disimulo, mentira y engaño táctico. La conclusión sería la de que “La inteligencia maquiavélica provocó en nuestros antepasados la tendencia a cambiar de opinión, cerrar tratos y farolear y confabularse con otros de ahí que se estime que los humanos somos mentirosos natos (Smith, Mente y Cerebro, 2005).”

 

Fuentes

Mentiras y falsedades, Elizabeth T. de Bianchedi

Los niños mienten por miedo, soledad y fantasía, http://www.opinion.com.bo/opinion/articulos/2011/1216/noticias.php?id=35545

Conocimiento social de la mentira y credibilidad, Amparo Caballero, Flor Sánchez y Alberto Becerra

La mentira transformada, Carlos Sirvent y Pilar Blanco Zamora

Imagen: leydejesucristo.com


 
 
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