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La Navidad en tiempos revueltos: una mirada diferente sobre las costumbres navideñas

 

La llegada de Papá Noel a finales de diciembre con un cargamento de regalos para los niños es un evento entrañable para las familias en muchos lugares del mundo. Con mucha antelación los niños escriben sus cartas a este buen viejecito con su lista de pedidos, tanto si se han “portado bien”, si han sido “buenos” como si no lo han sido tanto. Y los padres y muchas veces también tíos y abuelos se apresuran a invadir las tiendas para hacerse con los mejores presentes, muchas muñecas, muchos juegos de mesa y muchos, muchos videojuegos, según las encuestas. También están los preparativos para el árbol, para el belén y para la cena navideña en la que se reunirá, a ser posible, toda la familia. Todo tiene que estar impecablemente dispuesto para recibir la Navidad.

 El movimiento es vertiginoso en los principales centros comerciales de las ciudades aun a pesar de la crisis, pero muchos potenciales compradores, esta vez, no cargan con bolsas. Los hay que solo entran en las tiendas a curiosear y nada más. La crisis afecta y los comerciantes intentan atraer a más clientes a través de ofertas y promociones inéditas en estas fechas. "En mi familia hemos decidido hacer el amigo invisible. Así solo tenemos que conseguir un regalo y, de paso, no nos dejamos arrastrar por la avalancha de compras", apunta una vecina tinerfeña.

 Tampoco las oficinas de correos están atestadas. Con la aparición de internet, resulta mucho más práctico enviar tarjetas virtuales personalizables y en su mayoría gratuitas, mails repletos de emoticones o incluso saludarse a través de Skype.

 En las redes sociales muchos son los lamentos con respecto a estas fiestas. Son muchos los internautas que se quejan de tener que pasar por el trance navideño. “Yo me voy de viaje”, anuncian algunos. Otros intentan promover su propio negocio: animan a sus contactos a que compren regalos hechos a mano por ellos mismos o por sus amigos, en lugar de dejarse los duros en las grandes superficies, compitiendo, eso sí, con los anuncios publicitarios de las distintas marcas que promocionan sus productos. 

 La cesta de Navidad, la paga extra, las loterías y las rifas son la representación más moderna del tradicional aguinaldo, esa propina que hasta el siglo XIV se entregaba a los trabajadores de los servicios públicos hasta que fuera prohibido, o a los niños, por entonar villancicos. Las rifas existen desde hace mucho tiempo y es otra forma de conseguir dinero. En España, en 1857 se decretó que todas las rifas se sortearan con los números premiados en la lotería nacional. Los primeros sorteos de la lotería de Navidad datan de 1812.

 No es extraño que estas fiestas agobien. La tradición puede representar un peso insufrible para aquellos que no están atravesando sus mejores momentos. Las luces que adornan las calles, los escaparates repletos de objetos y decorados de lo más vistosos… los mensajes publicitarios que anuncian a bombo y platillo que debemos dejarnos los cuartos como sea para no decepcionar a nuestros hijos y seres queridos… la obligación de mostrarse feliz, de saludar o compartir mesa con personas que no vemos o con las que no hablamos en todo el año… la obligación de ser generosos… de pensar en los más necesitados…

Tenemos la cabeza repleta de canciones e historias acerca de estas fiestas. Hemos visto muchas películas, leído muchos cuentos. No, no es nada extraño que muchos sueñen con huir y que otros tantos realmente lo hagan.

 

Los resultados de una encuesta elaborada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) revelan que el 56,5% de los españoles considera que estas fiestas tienen un carácter familiar, un 26,2% cree que son puramente comerciales y un 11% destaca su valor religioso. Asimismo, la Navidad es una época de alegría para el 49,8%, mientras que un 27% siente tristeza y melancolía y para un 17,3% el sentimiento que reina durante estos días es el agobio. Todo depende del estado anímico de cada uno, de su situación social y económica y de sus convicciones religiosas. No todos ven la necesidad de cambiar tan abruptamente su rutina ni dejarse llevar por la algarabía general de turrones y cestas repletas de manjares suculentos y promesas. Lo cierto es que tras las navidades la agenda de los psicólogos se llena. Abundan las consultas por depresiones, por conflictos de pareja, por conflictos familiares…

 Para muchos no es más que otra rutina anual más. No significa ni aporta nada nuevo. Los chistes de siempre, las mismas ceremonias… Y hay quienes están completamente solos. Hay muchos mayores o inmigrantes que viven solos y que no pueden disfrutar de estas fiestas ni aunque quisieran, como no sea delante del televisor.

 De alguna manera la Navidad nos expone a nuestras fantasías y recuerdos más infantiles, cuando todo era mágico. Papá Noel existía, nuestros padres se abnegaban por hacernos sentir el mensaje navideño de amor, de paz y fraternidad… Decorábamos el árbol y armábamos el belén poniendo en ello todo nuestro esfuerzo y todas nuestras ilusiones. Pero con los años, la Navidad se convierte en una paradoja que despierta en nosotros sentimientos ambivalentes. Somos concientes de cuánto hay de manipulación porque consumamos y consumamos, y nos dejemos la piel en “quedar bien” con nuestros allegados, con los niños, principalmente. Somos nosotros quienes debemos ahora crear esa magia que, de pequeños, simplemente, se daba. Y no siempre estamos en disposición de hacerlo.

 La Navidad y los ritos paganos con la que se entremezcló se remontan a miles de años. Quizás en el siglo XXI ya no seamos capaces de estar, emocionalmente hablando, a la altura de las circunstancias.

 

Fuentes

http://psicologiayelser.blogspot.com/2011/12/depresion-navidena.html

http://www.laopinion.es/tenerife/2011/12/11/navidad-regatea-compras/384824.html

http://www.elalmanaque.com/navidad/tradiciones.htm

 

 Imagen: imanuelidades.com


 
 
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