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El sentido del humor: ¡a ver si te ríes!

 

Lo lúdico no es un lujo, un agregado del ser humano que le puede ser útil para divertirse: lo lúdico es una de las armas centrales por las cuales él se maneja o puede manejarse en la vida. Lo lúdico no entendido como un partido de truco ni como un match de fútbol; lo lúdico entendido como una visión en la que las cosas dejan de tener sus funciones establecidas para asumir muchas veces funciones muy diferentes, funciones inventadas. El hombre que habita un mundo lúdico es un hombre metido en un mundo combinatorio, de invención combinatoria, está creando continuamente formas nuevas.

 

Julio Cortázar

 María Moliner define el humor en su segunda acepción, como (“Estar de”) Con “buen, mal” o cualquier adjetivo o especificación, estado de ánimo de una persona, habitual o circunstancial, que le predispone a estar contenta y mostrarse amable, o por el contrario, a estar insatisfecha y mostrarse poco amable.  … Con referencia a las personas y a lo que dicen, escriben dibujan, etc., cualidad consistente en descubrir o mostrar lo que hay de cómico, ridículo en las cosas o en las personas, con o sin malevolencia. … Buen humor. Estado de ánimo del que está  satisfecho y dispuesto a encontrar las cosas bien … Cualidad de la persona bromista o burlona. Alegría o regocijo en una reunión de personas. Podemos, en definitiva, definir el humor “como cualquier estímulo que pueda provocar la risa de un sujeto: juegos, bromas, chistes, viñetas, situaciones embarazosas, incongruencias, inocentadas, cosquillas...” (Carbelo y Jaúregui, 2006)

 En La era del vacío (1986), Lipovetsky explica cómo el código humorístico aspira al relajamiento de los signos y a despojarlos de cualquier gravedad, un código que sería el auténtico vector de democratización de los discursos, mediante una desubstancialización y neutralización lúdicas. Habría pues una relación entre el sentido del humor y la capacidad lúdica para enfrentarse a la vida, como una forma de no tomarse las cosas tan en serio, empezando por uno mismo. Y continúa Lipovetsky: “Lejos de ser un instrumento de nobleza cultural, el código humorístico evacúa la distinción y respetabilidad de los signos de una época anterior, destrona el orden de las preeminencias y diferencias jerárquicas, en beneficio de una banalización “relax” promovida al rango de valor cultural.”

 Freud decía que el sentido del humor libera, y que comparte con el sueño una característica: su absurdidad. “El humor como el instinto lúdico que nos impulsa al juego, sería una actividad psíquica orientada al escape o la evasión.” (Rey Morató, 2002), por ejemplo ante algo que nos resulta doloroso, o a modo de protesta.

 Pero, ¿escape, evasión, protesta ante qué? Según Rey Morató, ante el orden mismo del Universo (que para Borges podría no ser más que una broma “cósmica”…), “por injusto, por aburrido, por mediocre, para crear otro a su vera y a sus expensas.” Tal y como nos lo propone Cervantes, podemos morirnos de risa ante el equívoco, ante el fracaso, ante el amor, incluso, ante la presunta cordura de los demás, ante lo solemne, ante el drama (convirtiendo una situación trágica en tragicómica), ante las ilusiones, incluidas las religiones, los tabúes, los mitos, y ante la misma muerte, estableciendo de esta manera una ética humorística ante un mundo y una lógica existencial implacables, eso sí, siempre que no sea a expensas del sufrimiento ajeno. “Porque cuando nos enfrentamos al entorno desde los recursos que el humor pone a nuestro alcance, notamos que accedemos a la realidad por una puerta falsa, una puerta que no se conoce mientras no se descubre que la estructura de la realidad es, en el fondo, divertida.” El humor no es sino, una modalidad más de la inteligencia.

 En un congreso Panamericano de Psicoanálisis, Kohut presenta en Buenos Aires un trabajo donde plantea por primera vez un concepto que llegaría a ocupar un lugar central en su obra; si el narcisismo se transforma en formas maduras, darán como resultado: la  empatía, la sabiduría, el humor y la aceptación de la finitud de la vida. Un self bien estructurado tolera bien los cambios que en la autoestima producen tanto los éxitos como los fracasos, con sus correspondientes emociones (alegrías o desesperanzas).

 En cuanto a sus hipotéticos efectos sobre la salud, y desde el punto de vista de la Psicología Positiva, “el sentido del humor puede ser una variable moderadora del estrés, aportando una perspectiva nueva en las situaciones estresantes, como estrategia adaptativa similar a la reinterpretación positiva de las situaciones. Esto significa que el efecto beneficioso del humor se produciría durante los momentos de estrés y adversidad, siendo menos relevante para la salud en circunstancias no estresantes. Individuos con un gran sentido del humor pueden ser más competentes y atractivos socialmente, resultando más cercanos y con más satisfacción en las relaciones sociales.” (Carbelo y Jáuregui, 2006). Por ejemplo, la risa está asociada a cambios en las catecolaminas circulantes y en los niveles de cortisol (Hubert y de Jong- Meyer, 1991, Hu- bert, Moller y de Jong-Meyer, 1993), y a su vez puede tener un efecto importante en el sistema inmune (Dantzer y Mormede, 1995). La risa vigorosa reduciría la tensión muscular, incrementaría el oxigeno en sangre, ejercitaría el corazón y el aparato circulatorio y aumentaría la producción de endorfinas (Fry, 1994).

 Quizás el aspecto más interesante del humor, sea el del juego, una práctica íntimamente asociada evolutivamente con la risa. Recientes estudios han confirmado que no sólo ríen algunos simios sino todos (o al menos muchos) mamíferos, incluidos los perros y las ratas (Panksepp, 2005). Esta “proto-risa" (inaudible o irreconocible como tal por nuestra especie) se produce en situaciones de juegos de lucha, persecuciones, cosquillas, etc. En lo que a los humanos se refiere, quienes más ríen son los niños, y lo hacen más precisamente durante el juego. 

 En las disciplinas místicas orientales, y en algunas escuelas de psicología occidentales así llamadas “alternativas”, la capacidad de reírse de una situación o de uno mismo, se ve como señal de madurez de la persona (Jáuregui, 2004).

 Buda, por ejemplo, suele ser representado sonriendo plácidamente o incluso riendo a carcajadas, lo que diversos textos budistas relacionan “con la gran ilusión de las apariencias que según el budismo engaña al ser humano.” Uno de los ocho preceptos morales más importantes del yoga es Santosha, “el deber de cultivar una actitud lúdica y alegre”, y de hecho, algunos de los líderes espirituales orientales como el actual Dalai Lama o en su tiempo, Mahatma Gandhi, han demostrado tener un gran sentido del humor a pesar de sus trayectorias vitales, no exentas de tragedias, crisis y enormes responsabilidades.

 Las paradojas zen también fuerzan al practicante a confrontarse con el absurdo para superar las limitaciones del lenguaje y el pensamiento, tratando de provocar un momento de iluminación o satori mediante la risa.

 Desde el 2004, en España, la Fundación General de la Universidad de Alcalá organiza una reunión anual multidisciplinar sobre el humor, en coordinación con diversas universidades españolas: Humor Aula, y existen cursos universitarios sobre el humor gráfico, el humor terapéutico o el humor en la comunicación (Carbelo, 2005: 204). Asociaciones como Payasos sin Fronteras, Fundación Teodora, La Sonrisa Médica, Pallasos d’hospital y otras ONGs recurren al humor para mejorar el bienestar de niños (y sus familias y cuidadores) en zonas de guerra o en hospitales.

 El humor es útil también para lograr una convivencia feliz. Enseña a las personas a ser menos arrogantes, las ayuda a relacionarse de manera más distendida y a renunciar a nuestro excesivo individualismo; hace que perdamos el miedo a hacer el ridículo, pone coto a la timidez y facilita el diálogo con uno mismo. Suaviza la realidad y nos permite hallar salidas sorprendentes a situaciones difíciles de la vida cotidiana. Nos permite expresar ideas no gratas al receptor sin que éste se sienta molesto, y hace posible sacar a la luz realidades que de otra forma serían inadmisibles.

 El humor es útil para reducir la frustración que provoca la percepción de nuestras propias limitaciones, el sentimiento de culpa o la adaptación a los cambios. También es muy valioso cuando somos nosotros los receptores de una crítica o de una ofensa que bien podría desafiar nuestro equilibrio emocional.

 

 

Fuentes

La risa, una actividad de la inteligencia, Javier del Rey Morató

Emociones positivas: Humor positivo, Begoña Carbelo y Eduardo Jáuregui

Breve introducción a la obra de Kohut, Hugo Lerner

El humor como valor terapéutico, Jaime Sanz Ortiz

Imagen: todorecurso.wordpress.com


 

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Excelente,el humor como creativo,como forma de evasión liberadora del stress,como herramienta de atractivo social..

 
 
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