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EL SECRETO FAMILIAR

 

A todas las familias les une algún secreto. Aquel hecho acontecido, pasado o presente, que conviene no ser revelado. El secreto ocupa un lugar destacado en el silencio familiar, reforzando con su amarga presencia, los hilos invisibles que entretejen las lealtades familiares: Yo no hablo, tú no hablas. Una unión de esfuerzo titánico cuyo cometido es…lo que nunca se dijo, nunca fue.

Si no se pronuncia, no existe. Pero la realidad apabulla con otra cara muy distinta: su presencia silenciosa contamina y se expande serpenteante por los recovecos familiares. Nadie dice, pero todo el mundo sabe.

¿Cómo hacemos para ignorar tamaña presencia? ¿Qué mecanismos actúan en nuestras cabezas y entrañas, para evitar lo inevitable, y aún sabiéndonos incapaces, unirnos en la mentira del “nada pasa, todo está bien”?

¿Qué fenómeno poderoso es ése, que une a los miembros de la familia en una ocultación “faraónica”de un secreto a voces? ¿Qué es tan importante para “el clan”, que obliga sin haber sido obligados, a mantener el pacto de silencio, en realidad nunca pactado?

La familia. Tan compleja y misteriosa. Se pertenece a ella, se quiera o se maldiga. Hilos invisibles que unen a sus miembros, y los conduce a participar en su juego, que curiosamente, nadie ideó. Los unos y los otros, generaciones pasadas y presentes que se dan la mano sin saberlo, que se heredan sin ser conscientes, y se pasan el testigo de su historia vivida y también imaginada ¿Sucedió lo que se cuenta o es ésta una versión revisada?

El secreto. Familias que viven fingiendo ignorar lo que saben. Un código de honor no escrito pero incuestionable.

El secreto es un fantasma con muchas formas, algunos esperpénticos, otros brutales, otros incómodos o vergonzosos… los hay ridículos o dolorosos:

“Esto no se te ocurra comentarlo, pero…Siempre se ha dicho que tu abuelo se casó por despecho, que en realidad estaba enamorado de…”

“Todo el mundo sabe que tus tíos nunca se han querido…”

“No soporto a mi padrastro, lo odio, y él a mí, estoy seguro, pero para no causar más dolor a mi madre, fingimos que nos soportamos…yo creo que ella se da cuenta pero no dice nada…”

La pregunta es ¿Qué nos lleva a mantener el secreto ? ¿A qué tenemos miedo? ¿Vivimos mejor en el incómodo silencio que en la incómoda verdad? Parece que sí… ¿Quizás confiamos poco en las oportunidadesque puede ofrecernos “el cambio”¿O quizás ni siquiera las hemos contemplado? Cuánta carga emocional...

 

Mayte Leal

nº Col. 10.683

mayteleal@centredepsicoterapia.com

Foto:www.educima.com


 
 
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