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¿Cuánto hay de Crisis y Cuánto de Miedos?

 

Uno de los momentos en los que la gente suele recurrir a un psicoanalista, así como a muchas otras consultas (dentista, médico, mecánico, plomero, electricista, cerrajero…) es en los momentos de urgencia y crisis, la inmensa mayoría de las personas, salvo unos cuantos precavidos, llama al dentista cuando le duele la muela, y al plomero cuando ya gotean sus cañerías.

 Pocos hacen el esfuerzo de revisiones, control y mantenimiento del sistema eléctrico de su casa, así como de su “psique” (modo formal y específico que tenemos los psicoanalistas de llamar a nuestra cabeza/mente). Por este motivo, los psicoanalistas estamos un poco acostumbrados a tratar con personas en crisis, con estados de crisis.

 ¿Y qué hemos aprehendido de esto? ¿Qué cosas se repiten una y otra vez?

 Bueno, por empezar, y salvo casos extremos donde la realidad efectivamente priva a la persona de sus recursos (físicos, económicos, sociales, etc.) como por ejemplo accidentes, catástrofes y demás, el resto y gran mayoría de las personas, de todos nosotros que no salimos en los informativos y que llevamos nuestras humildes vidas adelante cada día, por suerte vamos a decir, entramos en crisis por situaciones que se encuentran en un terreno un poco más simbólico.

 Digamos que un hecho “X” cambia nuestra percepción del mundo exterior, haciéndonos creer que es el mundo el que ha cambiado, cuando en realidad es nuestra percepción lo que se ha distorsionado. Hechos más sencillos y cotidianos, por ejemplo que la persona amada nos abandone, o que la nota del examen haya sido muy baja, o que nos hayan despedido de nuestro empleo, nos suelen hacer entrar en crisis, “sentirnos” inferiores, débiles, escasos de recursos, que todo se derrumba, que ya nada tiene sentido, etc. etc. cuando tan solo una hora antes sentíamos que todo estaba perfectamente reglado, que éramos los seres fuertes y superiores de este reino animal y teníamos recursos de sobra.

 Bueno, dilucidar cuánto ha sido la pérdida Real y cuánto la “sensación” de pérdida es una de las tareas en las que nos puede ayudar un psicoanalista en sus sesiones.

 ¿Realmente estamos en la ruina tras un despido? o tan solo es un momento de cambio de actividades, replanteamiento de fines y logros, y hasta quizá la posibilidad de no quedarnos estancados toda la vida en ese empleo que odiábamos.

 ¿Realmente tenemos toda la culpa de que nuestra pareja nos abandone?  ¿Somos tan feos, con mal carácter, vagos y desagradecidos? o quizá es algo mutuo, que se ha desgastado y que requería, al menos, un distanciamiento para sentir y reflexionar un poco, y hasta quizá finalmente para darnos cuenta de que a nosotros tampoco nos estaba yendo tan bien en esa relación de la que nos costaba desprendernos.

 Para sintetizar, de un modo breve y nuevamente sobre la superficie a la que nos podemos atrever en este espacio y tiempo, tras muchas sesiones de por medio, los psicoanalistas nos hemos dado cuenta de que en la inmensa mayoría de los casos, ya sean personales, grupales, o sociales a gran escala, las llamadas situaciones de crisis suelen ser sensaciones subjetivas de desposesión, de sentirnos desprotegidos, de sentirnos desvalidos frente al mundo, pero no porque nos falten recursos, sino porque hubo una situación brusca que nos hizo tambalear en nuestras creencias y percepciones.

 

No es que ya no pueda irme de vacaciones, es tan solo que me da un poco más de miedo hacerlo… por las noticias negativas, los rumores, el contagio del miedo ajeno y porque han despedido a mucha “otra” gente… mejor me quedo en casa hasta que pase todo.

 No es que no pueda conquistar una nueva pareja porque ya estoy viejo, no tengo empleo, soy un malhumorado que no sabe escuchar y tiene mal gusto para los chistes, es que me he creído todo eso que me han dicho en un momento de enojo, con todas las intenciones de herirme, y ahora que estoy solo me siento más débil y termino por dar crédito a insultos mal encausados en momentos mal afortunados.

 Y así vamos por la vida, cuando no nos detenemos analizarla un poco, y mejor aún si lo hacemos en profundidad y con la ayuda de alguien especializado. Creyéndonos falsas realidades que solo logran detenernos en nuestra vida, inmovilizarnos en el miedo.

 Les propongo entonces animarse a vencer esas barreras imaginarias, a intentarlo de una forma que no habían hecho antes, a apostar por sus vidas con la compañía y guía de quienes ya lo han hecho y continúan cada día apostando por construir nuevos espacios y compartirlo con quienes quieran sumarse, los invito a vivir ¡la experiencia psicoanalítica! … juntos veremos luego sus resultados.

 

 

Psa. Maximiliano Perinetti

25/01/2011


 

:: Pedro

Me gusta este articulo, sobre todo porque menciona miedos que tenemos todos, mas en este momento de crisis e incertidumbre económica. Gracias

 
 
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