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¿Camino, objetivo o vivencia?

 

¿CAMINO, OBJETIVO O VIVENCIA?

 

El Tao que puede llamarse Tao

no es el verdadero Tao.

El nombre que se le puede dar

no es su verdadero nombre.

Sin nombre es el principio del Cielo y la Tierra;

y con nombre, es la madre de las diez mil cosas.

Desde el No-Ser comprendemos su esencia;

y desde el Ser, sólo vemos su apariencia.

Ambas cosas, Ser y No-Ser, tienen el mismo

origen, aunque distinto nombre.

Su identidad es el Misterio.

Y en este Misterio

se halla la puerta de toda maravilla.

                        

(Capítulo I del Tao Te King, Lao Tse, s.VI a.C.)

 

Hablar sobre quién somos, dónde vamos, y como, lleva implícito el que es de lo que hablamos. Esto me acompaña a exponer el primer capítulo del Tao Te King, el Tao. La experiencia son más, el punto de partida y finalidad del ser. Me gusta, me libera pensar que soy simplemente lo que me sale de dentro, lo que siento en mi. Ni más ni menos. Ni aquello que aún no soy, ni aquello que fui ayer: lo que estoy siendo…AHORA. Gerundio. Cambiante.

 

Hace unos años llegó a mis manos esta obra. Su doctrina me conecta con lo que queda si quitamos el pánico de escena, las relaciones verticales, la ansiedad de lo que espero y no tengo, el miedo a sufrir… Su lectura me permitía vivir una sensación que me dejaba a las puertas -digamos- como de aquello que es, de aquello evidente. Darme cuenta que hay un espacio donde puedo ser, libremente.

 

El Tao, principio de la filosofía oriental taoísta descrito por eliminación, es decir: ni definido con palabras, ni descrito ningún rasgo de su naturaleza, ni constituido de una forma o estructura física: “El nombre que se le puede dar no es su verdadero nombre.” Ni tan sólo el nombre lo identifica. Algunos sinónimos son camino, curso, espontaneidad, método, sensibilidadvía… Esto me ha conectado siempre con mi propio proceso, con la idea de la linealidad de los acontecimientos y con la experiencia de mi propio camino. –Dónde voy?, Por qué?

 

El camino que tenemos dentro y da sentido, coherencia a nuestro día a día, proporciona estabilidad, linealidad, tranquilidad y define el marco en el que nos movemos permitiéndonos ser diferentes y únicos. Suele ser una vivencia que da un guión de actuación y aporta un sentido de pertenencia a aquello que nos identifica. Es la fuerza y supone e escalón que nos permite subir, avanzar, crecer… Sin percepción de camino nos dispersamos, sin línea no encontramos camino, sin camino parece no haber sentido de ser, de estar…

 

Camino vivido y camino buscado

Podemos sentir nuestro camino viviéndolo. Buscándolo lo situamos fuera de nosotros, se convierte en una meta lejana. Su búsqueda transforma la vivencia en un faro que debemos ver, cuando más firme siento serlo. Vivirlo sin buscarlo. Liberar para sentir, sin buscar para encontrar. Cada momento es el mejor pera avanzar en nosotros mismos. En la pretensión hay la búsqueda de un más allá que por definición se aleja unos pasos de mi. La distancia aparente nos pone inevitablemente en un extremo opuesto. Si busco lo que no está aquí, parece transparente pensar que encuentre lo que encuentre no  puede ser mío, y tenga la sensación que no me pertenezca. Esta estructura a menudo se acompaña de su consecuencia física: la ansiedad.

Ahora tomo la decisión de coger el gobierno de mi vida dado que conozco aquello que me hace sentir libre y me responsabilizo de aquello que siento y como lo siento. Mañana no habrá camino más que en la fantasía, mañana está fuera del hoy, lejos del aquí y ahora. Puedo actuar sobre lo que hago ahora, sobre lo que estoy escribiendo en este momento. En el mañana hay un salto entre una parte del puente y la otra y necesariamente estamos únicamente en uno de los dos extremos. La integridad es un proceso finalidad del cual es la unidad, el YO, en términos psicológicos.

En mi intimidad, acariciando mi parte más inmadura encuentro la plenitud, o al menos aquellas partes que me complementan, las quiera aceptar o no, me duela sentirlas o no. Están ahí, son visibles… Todo es parte de mi, yo soy todo eso que veo cuando miro hacia dentro. Si una de estas partes la siento desligada, arrinconada, desvinculada de lo que sí me da tierra y firmeza donde caminar, podemos decir que la tenemos escindida: no la acepto, no la conozco. Es la vivencia de una disyuntiva.

Cada parte que no me gusta de mi es una parte: por naturaleza, mía; por oposición, negada; y por definición, combatida; i de sentido común, no puede dolerle a nadie más que a mi. Energía al servicio de todo aquello que me puede molestar de otra persona. Hagámonos cargo y acerquemos, desde la lectura que no hay nada nuestro, nos guste o no, que no surja con una intención positiva, que se haya generado por nuestra propio cuidado, por nuestro propio bienestar. Nos daremos cuenta, entonces, que somos un poco más completos en integrarla.

Un profesor del Instituto durante mis años de formación decía a menudo: “No avanzar es ir hacia atrás”. Para avanzar es necesario caminar y para hacer el primer paso debemos dejar atrás aquello que no pertenece al presente, a la presencia. Caminar ÉS cuando dejo atrás lo que forma parte del pasado y avanzo con lo propio del presente, de mi presente. Caminar ÉS cuando vivo el presente según el presente, dejando el futuro en la imaginación, el mañana en la fantasía.

El camino de cada uno se reconoce por ser una experiencia. Raramente lo vemos más allá de aquello que nos es propio, ni más allá de ver lo que vemos. Lo sentimos cuando lo vivimos, y lo vivimos cuando somos.

 

 

Jordi Serret

info@jserret.com


 
 
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