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Ambientes tóxicos: el mobbing en las empresas

 

Desde que en 1986 el profesor Heinz Leyman, psicólogo del trabajo en la Universidad de Estocolmo iniciase sus estudios sobre el acoso laboral o, como Leyman lo denominase, psicoterror en las empresas, mucho se ha escrito sobre este fenómeno. Los orígenes del mismo proviene de los estudios etológicos de Konrad Lorenz que describió el ataque de una coalición de miembros débiles de una especie contra un individuo más fuerte que ellos. La palabra mobbing deriva del verbo inglés “to mob” (atacar con violencia).

 

Cualquiera que haya visto las películas Up in the air, con George Clooney o Estupor y temblores, basada en la novela de Amélie Nothomb, se habrá podido hacer una idea bien definida de a qué nos estamos refiriendo. Es muy arduo despedir trabajadores y es muy duro ser víctima de acoso en el contexto laboral. Pero ambas cosas están relacionadas. 

Si en 2000 se contabilizaron 13 millones de trabajadores afectados por mobbing, en Finlandia, Reino Unido, Países Bajos, Suecia, Bélgica, Portugal, Italia y España como víctimas de mobbing (750.000 trabajadores en España, un 5%), es decir, un 9% de asalariados de los países consultados, un millón más que en 1995, para 2012, en España, tenemos un incremento del 20% sobre dichas cifras, según Alfonso Rodríguez, uno de los psicólogos del gabinete de la Federación de Servicios Públicos del sindicato UGT (FSP-UGT). A esto hay que añadir que muchas de las víctimas callan por miedo a seguir siendo sometidos por sus compañeros o que la cosa llegue a oídos de los superiores.

 Es evidente que la crisis económica que afecta tanto a empresas privadas como a públicas y el recorte de plantillas que trae aparejada tienen mucho que ver con el aumento de casos de mobbing. Pero también hay otras causas como puede ser la organización propia de la empresa –cuanto más jerarquizada sea ésta, o peor sea la organización de la misma, mayor es el número de casos de mobbing–. También hay que apuntar que es en la Administración Pública (sanidad y educación) los sectores en los que se detectan más casos de acoso laboral.

 Pero lo importante de este fenómeno es que no se da por un mero “capricho” sino porque se busca un resultado concreto: la autoexclusión del afectado, normalmente para obtener alguna clase de prebenda o beneficio. “Es la adquisición fraudulenta, por parte del acosador, de este fin último (a través del hostigamiento) [del descrédito de la víctima, su paralización y el desembarazarse de ella] el que determinará si el mobbing ha sido o no beneficioso para el acosador.”

 Las fases del psicoterror son las siguientes:

1. seducción dirigida a la víctima

2. conflicto

3. acoso moral propiamente dicho

4. complicidad del entorno

5. actuación de la empresa

6. marginación

7. recuperación

 

No existe un perfil predeterminado de la víctima de mobbing aunque en su mayoría son mujeres, ya que el acoso sexual constituye una vía para pasar mediante chantaje al acoso moral. 

 El acosador en cambio sí puede ser fácilmente identificado a través del lenguaje verbal y no verbal. Según Marina Parés Soliva, “conseguir desenmascarar al acosador mediante las pruebas que él mismo nos facilita, es decir sus propias palabras, puede llegar a impedir que el trabajador designado como víctima sea excluído del mundo laboral. Por tanto, detectar al acosador principal además de proporcionarnos los elementos necesarios para hacer frente a la violencia también nos será de gran ayuda en la protección de la víctima.”, y lo hace a través de la palabra y de los actos: “A nivel de la conducta encontramos tanto comunicación no verbal como actos de no comunicación. Entendemos como comunicación no-verbal los suspiros exagerados, el encogerse de hombros, las miradas de desprecio. Y como actos de no comunicación: ignorar un saludo, no responder a una pregunta, actuar como si determinada persona no estuviera presente, dar la espalda … [con todo ello] el acosador atribuye o ‘acusa’ a la víctima de sus propias intenciones como si se tratara de un espejo y atribuye, a la víctima, sus propios errores y sus propios miedos.” El conocimiento de estas claves (“el uso de la rumorología, del hipercriticismo y de autodefinirse como abanderado de una ‘noble causa’ que justifica la utilización arbitraria de la violencia”) nos permite ser menos vulnerables a la manipulación del acosador y nos facilitará el diferenciar al acosador de la víctima, distinguir entre el instigador del acoso y sus aliados o “testigos mudos”, que en última instancia también han sido manipulados, y sanear un ambiente laboral tóxico.   

 Otras “medidas” que se toman para destruir a la víctima es ningunearla, atribuirle fallos que no ha cometido, darle más trabajo para realizar en un mínimo de tiempo, no darle trabajo, darle unas traeas rutinarias o inútiles o inadecuadas para su capacitación, sentarla en un sitio apartado, invisible al público para luego acusarle de que no participa, no pasarle las llamadas telefónicas, etc. “Este método lo usó con gran éxito Stalin para sacar de las enciclopedias los personajes históricos incómodos a sus teorías.”

 En cualquier caso las consecuencias para la víctima son, el estrés, el insomnio, la baja autoestima, la depresión, el sentimiento de culpa (“algo debo haber hecho mal…”), el alcoholismo, el aislamiento, y en última instancia, el suicidio.

 Desde 2010, con el aumento de la tipificación de delitos recogidos en la Ley Orgánica 5/2010, de 22 de junio que reforma sustancialmente el Código Penal que estaba vigente en España desde 1995, el acoso moral o mobbing en España “se tipifica como delito (art. 173.1) cuando en el ámbito de cualquier relación laboral y prevaliéndose de su relación de superioridad, se produzcan de forma reiterada actos humillantes u hostiles sin llegar a constituir trato degradante. Será pena de prisión de seis meses a tres años o multa de 12 a 24 meses, según la gravedad de la coacción o los medios empleados. Hasta ahora en el trabajo sólo constituía delito el acoso sexual.”

Fuentes:

Imagen: lacomunidad.elpais.com

 
 
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