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Capacidad de empatía, testosterona y clases sociales

 

Según un estudio llevado a cabo por científicos de la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos, el nivel socioeconómico de las personas influye en la capacidad para empatizar con el sufrimiento ajeno.

Empatía, de acuerdo con la definición del psicólogo Bruno Giordani es “la capacidad de sumergirse en el mundo del otro y participar en su experiencia en la plena medida que la comunicación verbal lo permite… es la capacidad de colocarse en el lugar del otro y de ver el mundo como él lo está viendo”. También puede entenderse como formando parte de una competencia socioemocional global constituida por “un conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes para comprender, expresar y regular de forma apropiada los fenómenos emocionales: a) capacidades de autorreflexión (inteligencia intrapersonal): identificar las propias emociones y regularlas de forma apropiada; b) habilidad de reconocer lo que los demás están pensando y sintiendo (inteligencia interpersonal).”
 
Del estudio se desprende que las clases más bajas son las que más empatizan con el padecimiento de los demás, incluso a nivel fisiológico, y manifiestan mayor compasión que las clases más acomodadas que son menos cooperativas y más individualistas. El estudio constata que las clases medias y altas son menos capaces de detectar y de responder ante muestras de angustia por parte de otros individuos.

De acuerdo con la directora del estudio, la psicóloga Jennifer Stellar esto no significaría que las personas pudientes no sienten empatía sino, más bien, que no reconocen las señales de sufrimiento ajeno, tal vez por no haber tenido ellas que lidiar con esta clase de sentimientos. Asimismo indica que de la investigación se deduce que existe una diversidad cultural entre las distintas clases sociales que no debería conllevar lucha entre clases sino más bien llevar a una mayor comprensión las unas de las otras. Por ejemplo, parece evidente que los individuos con estatus social más alto se desempeñan mejor en ámbitos competitivos, están más centrados en sí mismos, son más autónomos e independientes y por tanto, más individualistas, mientras que las personas con bajo nivel de ingresos y un bajo nivel educativo tienden a ser más sensibles a las emociones de los demás para subsistir, responder a las amenazas sociales y reaccionar ante las oportunidades que la sociedad pueda ofrecerles.
 
Para los estudios se seleccionaron 300 estudiantes de etnias distintas que fueron clasificados según el nivel de ingresos y nivel de estudios de sus padres en clase baja, media baja, media, media alta y alta.

En un primer experimento se evaluó la frecuencia y la intensidad con las que 148 de los estudiantes experimentaban emociones tales como amor, satisfacción, orgullo, alegría, compasión, diversión y temor, informando su grado de acuerdo con frases tales como “cuando veo a otra persona sufriendo o pasando necesidades, siento una urgencia poderosa de cuidarla” o “a menudo me doy cuenta de que alguien necesita ayuda”. De este experimento resultó que la compasión fue el sentimiento positivo que alcanzó niveles más altos en los participantes de clase baja.

El segundo experimento, en el que participaron 48 sujetos, consistió en el visionado de vídeos; uno de los vídeos era sobre la construcción de un edificio, de tipo instructivo, y el otro vídeo, sobre familias en las que uno de los hijos padecía cáncer. Todos informaron sentir pena por las familias cuyo hijo tenía cáncer, pero nuevamente fueron los participantes de clase baja los que informaron de un nivel de compasión y empatía mayor que los de clase alta. La monitorización de los ritmos cardíacos de los participantes mostraron que en los estudiantes de clase baja el nivel se reducía más que en el resto de estudiantes. Según explica Stellar, “Podría asumirse que ver a otra persona sufrir provoca estrés y un aumento del ritmo cardíaco. Pero hemos descubierto que, cuando se siente compasión, el ritmo cardíaco se reduce, como si el cuerpo se calmara a sí mismo para cuidar de otra persona”.

El tercer experimento consistió en dividir a 106 estudiantes por parejas de forma aleatoria para que fingieran una falsa entrevista para la obtención de un puesto de director de laboratorio. Para aumentar el nivel de estrés se les dijo que aquéllos que lo hicieran mejor ganarían un premio en metálico. El resultado fue que los estudiantes de clase baja sintieron compasión y simpatía por sus compañeros al notar el grado de ofuscación, agresividad y ansiedad que éstos experimentaban. Los estudiantes de clase alta no notaron los indicios de estrés de sus rivales. “Reconocer el sufrimiento ajeno es el primer paso hacia la respuesta compasiva. Estos resultados sugieren, no que las personas de clase alta no se preocupen por los demás, sino que, simplemente, no son buenas percibiendo el estrés o la ansiedad de otros”, comenta Stellar.

Otro experimento realizado en las Universidades de Utrecht, Países Bajos, y de Cambridge, Estados Unidos, ha revelado que el nivel de testosterona administrada bajo la lengua afecta negativamente la capacidad para “leer la mente” de otros, esto es, la capacidad de empatía. Esto podría explicar por qué las mujeres obtienen mejores resultados que los hombres en competencia emocional.

Sería interesante realizar un experimento que permita establecer relaciones entre estos dos estudios.

Fuentes

http://www.tendencias21.net/Los-individuos-de-clase-baja-empatizan-mas-con-el-sufrimiento-ajeno_a9407.html

http://www.tendencias21.net/notes/La-testosterona-reduce-la-capacidad-empatica-revela-un-estudio_b2695394.html

http://es.scribd.com/doc/34151723/Metodo-Carkhuff

http://fp.educaragon.org/files/Competencias%20Emocionales%20R.%20Bisquerra.doc

 

Imagen:http://tucomunicacionhumana.wordpress.com/tag/empatia/


 
 
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