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El enamoramiento produce el mismo efecto que las drogas.

 

El enamoramiento produce el mismo efecto que las drogas.

 

La noticia de que el psicólogo Arthur Aron había hecho un estudio demostrando que  el enamoramiento hace el mismo efecto en el organismo humano que una dosis de cocaína  nos puede parecer, y de hecho parece uno de esos estudios estúpidos que tan a menudo nos regalan los americanos, pero en este caso podríamos decir que va más allá de ello, pues demuestra físicamente algo que ya era conocido.

 

El hecho es que quienes participaron en dicho estudio fueron sometidos a pruebas de tomografía del cerebro que demostraron que al mostrarles fotos de las personas de las que estaban enamoradas, el cerebro reaccionaba llenándose de dopamina en determinada zona, al igual que lo hace cuando tenemos relaciones sexuales, comemos chocolate o consumimos drogas.

 

Pero también tenemos que saber que el enamoramiento y el sexo no tienen que ver nada en impulso físico, aunque produzcan el mismo efecto, ya que el enamoramiento es similar al hambre la sed o la adicción, mientras que el sexo estaría más en la línea de estados como la excitación o el amor. Así pues el enamoramiento es un impulso vital que no podemos evitar, y que finalmente forma parte de nuestro propio ser.

 

Cuando los enamorados se miran al igual que pasa cuando una madre mira a su bebe, se produce oxitócica, fomentando la relación emocional entre los dos. También aparece la vasopresina más propia del hombre y de la creación de vínculos emocional

 

Este coctel hormonal busca pues crear una relación duradera, pero sobretodo evitar los roces que se van a producir en el inicio de cualquier relación, sea la que sea. Y todos creemos que eso desaparece, o como mínimo eso aprendimos en la facultad, puesto que los efectos físicos del enamoramiento a largo plazo pueden acabar afectando físicamente a la persona que los padece, pero según otro estudio de la Universidad de Santa Bárbara (creamos o no ellos lo afirman) que 20 años después de casados, en 1 de cada 3 matrimonios de Estados Unidos, este coctel se mantiene al igual que si estuvieran recién enamorados.

 

Curiosa la manera de hablar de Ortega y Gasset que se refería al enamoramiento como”un estado de miseria mental en que la vida de nuestra conciencia se estrecha, empobrece y paraliza."  Más simpático es ese dicho popular que dice que es ese estado de locura temporal… que se cura con el matrimonio.

 

Y es que cuando nos enamoramos realmente tenemos algo parecido a una enfermedad mental, que hace que nos apartemos de todo, pero sobretodo que tengamos comportamientos compulsivos como llamar y pensar constantemente en la otra persona, obsesivos como escribir el nombre de  los dos en todas partes o buscar puntos comunes de coincidencia o directamente inclasificables y propios diríamos de alguien que está bajo los efectos del alcohol, como por ejemplo cantar bajo la ventana, escribir poemas sin sentido, o ser capaces de bailar en medio de la calle.

 

Pero tenemos otro problema más allá de estas compulsiones del enamoramiento y es que pasa cuando se produce el rechazo, y es que entonces podemos sufrir tal adicción a este amor romántico que la ruptura nos lleve a situaciones de dolor incontrolable, de ansiedad o incluso superando las ganas de vivir que nos lleve a tener directamente ganas de morir.

 

Pero como otros muchas cosas en los humanos el enamoramiento se ha demostrado como algo irracional, que no se puede así pues predecir. Podemos decir que hay una pequeña región en el cerebro, en el núcleo caudado, especialmente activa en personas que llamaríamos enamoradizas. Curiosamente esta región está en el lado opuesto del que mide la atracción física, quedando pues esto fuera de la explicación del enamoramiento. El enamoramiento, que no el amor es algo irracional e impredecible, un impulso que aparece por necesidad y se queda o no por coincidencia. Nadie esperaba en estos estudios encontrar una área tan especializada en crear este enamoramiento y menos aun en una zona del cerebro tan especializada en funciones básicas como comer, tocar, mover los ojos, etc., todo ello impulsos que son propios del inconsciente. Un estudio realizado en la universidad de Londres en el año 2000 se llego a ver que en personas que decían llevar más de dos años enamorados, la actividad de esta zona había disminuido, porque  en ese momento el cerebro no tenía ni impulso ni necesidad de buscar un enamoramiento por tener esa parte cubierta, pero si tenían mucha más actividad en otra zona del cerebro mucho más ligada al compromiso a largo plazo.

 

Que lastima ver que Cupido queda realmente reducido también a un coctel hormonal, a unos impulsos inconscientes y a unas decisiones irracionales. Finalmente una lotería en la que podemos o no acertar a la primera, pero a la que tenemos que jugar para poder ganar.


 
 
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