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¿Quién es el protagonista de “El Bully”?

 

Con el estreno en estos días en Estados Unidos del documental “El Bully” vuelve a la palestra una situación, a veces dejada de lado, pero que afecta a 13 millones de niños en ese país, y a uno de cuatro niños en España. El director mismo de la película ha sido víctima de bullying y su film pretende ser una llamada de atención para alertar a los implicados para que estas cosas no sucedan. Para realizar la película pasó un curso escolar completo “siguiendo cinco historias protagonizadas por tres chicos”, y dos matrimonios que vieron cómo sus hijos se suicidaban ante las vejaciones y el abuso de que estaban siendo víctimas.

No es que el acoso escolar o bullying sea cosa nueva. Ha existido desde siempre en las escuelas pero se lo consideraba un proceso normal “dentro de una cultura del silencio” que lo perpetuaba. Hoy esto ha cambiado y los estudios que se realizan apuntan no solo al agresor/es y la víctima/s, sino también al grupo de pares, espectadores o testigos directos e indirectos, esto es, el personal y autoridad de los colegios, la familia y la sociedad en sus conjunto, incluyendo al personal sanitario y al pediatra. 

El matonaje o bullying como comportamiento agresivo implica al menos tres aspectos a tener en cuenta: no hay un equilibrio de poder entre el agresor y la víctima que suele ser débil física o emocionalmente, se ejerce de manera intimidatoria por lo que la víctima no es elegida al azar y tiene premeditadamente la intención de causar daño a lo largo del tiempo de manera repetitiva. 

El daño puede ser físico o verbal, directo o relacional y se ejerce por medio de la exclusión social, esparciendo rumores sobre la víctima, o provocando que otros se unan al matonaje. En la actualidad ya se habla de cyberbullying, que se efectúa en el anonimato a través de las redes sociales en internet, telefonía móvil, correo electrónico y chats, insultando y atemorizando al acosado. Aparentemente los niños son más proclives que las niñas a un bullying físico, y las niñas al bullying verbal. El bullying en las escuelas suele tener como escenario el patio o cualquier sitio que no esté expuesto a vigilancia.

Cono hemos dicho, las víctimas del bullying presentan un perfil que se repite: son percibidas como débiles, inseguras, sensitivas, poco asertivas, con pocas relaciones sociales o amigos y suelen ser buenos alumnos. La consecuencia del bullying las deprime, no quieren ir a clase, se ausentan, se deteriora su rendimiento, padecen síntomas somáticos (cuatro veces más que cualquier niño no victimizado) y cuando la situación llega a un límite, presentan ideación suicida. El niño victimizado llega a sentirse culpable de su situación y esto envalentona al victimario generándose un círculo vicioso. 

Los bullies o acosadores suelen ser físicamente fuertes, dominantes, impulsivos, no admiten reglas, crean conflictos donde no los hay, les atrae la violencia, no son empáticos ni se arrepienten de sus actos. Generalmente consiguen hacerse fuertes dentro de su grupo. “Al persistir, caen en otros desajustes sociales como vandalismo, mal rendimiento académico, uso de alcohol, porte de armas, robos, y procesos en la justicia por conducta criminal en un 40%.”

Los espectadores, testigos pasivos o “bystanders”, son todos aquellos que presencian y son concientes de la situación. Pueden intimidar o no al agresor. “En un estudio, el 30% de los testigos ‘intentó ayudar a la víctima’, mientras que el 70% no intentó intervenir. Desglosada esta cifra, el 40% no hizo nada porque ‘no era de su incumbencia’, y el 30% no ayudó aunque ‘sintieron que deberían hacerlo’, probablemente por temor a ser víctimas. Hay una intención que no se traduce en conducta, lo que podría ser modificado.”

Maestros y personal del colegio no siempre se involucran en la situación ya sea porque valoran como positiva la agresión, porque se desensibilizan o porque buscan reforzar el individualismo. 

El bullying suele ir unido a familias poco estructuradas, padres distantes, poco afectuosos, “padres sobreprotectores, castigos inconsistentes, castigos físicos, padres violentos, y victimización entre hermanos.”

Si se entiende al matonaje como un problema sistémico socio-cultural hay más probabilidades de éxito de erradicarlo de las escuelas. “Es improbable que una intervención en un solo nivel tenga algún impacto.” Considerado como un problema multidimensional hay más posibilidades de éxito incluso cuando se actúa a nivel particular como por ejemplo a través de una tutoría de niños en riesgo. “Los niños con tutores tuvieron significativamente menos reporte de bullying, peleas físicas y sentimientos de depresión en los últimos 30 días. Estos vínculos proveen modelos para ayudar a los niños a aprender habilidades y lenguaje para resolver problemas”

En cuanto al rol de espectador hay que partir de la base de que su papel es activo, que puede favorecer o inhibir la situación, y la actitud del grupo promueve una u otra actitud. “Para motivar a los testigos, Rigby da algunas sugerencias que consisten en mostrar en clases un video o cuadros que muestren a testigos mirando a un niño que está siendo agredido y discutir qué es lo que ellos sienten, qué harían y por qué.” Hay que hacerles ver que apoyar a la víctima, ofrecerle su amistad, animarles a comunicar la situación a un superior ya que eso no es ni “chivarse” ni acusar, y hacerles concientes de que las consecuencias que la situación puede acarrear tanto para la víctima como para el agresor. “Indicarles que el rol que cumple es dar o quitar poder al agresor por el solo hecho de estar ahí presente, validando o no lo que ahí sucede.”


 
 
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